Desde el Observatorio de Asia Central de Casa Asia nos hacemos eco del libro Cuadernos de Estrategia 216. Asia Central: de pivote a encrucijada del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) publicando un capítulo mensual. Este mes de XXX de 2023 difundimos el primer capítulo «La conectividad del Asia Central: entre la Ruta de la Seda y la conexión interna», escrito por José Ignacio Castro Torres, Coronel del Ejército de Tierra y analista principal en el Instituto Español de Estudios Estratégicos
Capítulo primero. La conectividad del Asia Central: entre la Ruta de la Seda y la conexión interna
Introducción
Asia Central se encuentra en el corazón del continente euroasiático, por lo que constituye un vínculo de unión entre Oriente y Occidente, aparte de una región de paso para conectar las tierras interiores de esta gran masa continental con las aguas cálidas del océano Índico.
El territorio posee importantes reservas de materias primas, entre las que destacan los hidrocarburos y el uranio, aunque estas se encuentren desigualmente repartidas. Del mismo modo se distribuye irregularmente el agua dulce, de tal forma que los países que poseen el gas y petróleo tienen problemas de abastecimiento hídrico y viceversa.
La herencia soviética afectó a toda la zona y cambió su configuración tradicional, que pivotaba sobre el valle de Ferganá, a una división artificial separando territorios y pueblos y estableciendo de vías de comunicación que tienden a dirigirse hacia Rusia, más que a las conexiones interiores.
La configuración del espacio geográfico tras la independencia de estas repúblicas ha sido el origen de posteriores disputas territoriales, poblacionales y étnicas. No obstante, siempre ha existido un deseo de establecer vínculos internos en la región que permitiesen el intercambio de productos y mercancías, personas, conocimientos y aspiraciones comunes, que se podrían aunar todos ellos en un término denominado conectividad.
Frente a este ideal común existen dos actores principales, constituidos por China y Rusia, que proyectan su poder sobre la región. Para el primero Asia Central constituye una zona de paso para su Franja y Ruta de la Seda, así como un área de extracción de recursos energéticos, que se encuentra próxima a sus centros de producción industrial. Para Rusia, el Asia Central es una región de expansión hacia el sur para poder acceder al gran Oriente Medio y al océano Índico. Además, el control efectivo del territorio podría hacer depender a los chinos de una alianza con Rusia, quien se ve a sí misma como un gran intercambiador energético para el abastecimiento de Europa Occidental.
Ambos grandes actores se encuentran lógicamente interesados en que la región no se constituya en una entidad unificada mediante las interconexiones y acuerdos internos. Por ello intentan que las vías de comunicación y de trasporte de los hidrocarburos se dirijan hacia sus propios territorios, al tiempo que buscan los acuerdos bilaterales con los países centroasiáticos, sabiendo que tienen las de ganar en una relación de mayor a menor.
Entre estas dos pulsiones se encuentra el mundo occidental, donde los estadounidenses podrían considerar que se hallan en una posición distal después de su salida de Afganistán. Sin embargo, para Europa es de una trascendencia fundamental. Por ello, la Unión Europea ha realizado una apuesta por apoyar la conectividad entre estos países, al tiempo que fomenta su prosperidad en un beneficio mutuo y transmite sus valores ideológicos y culturales.
La geopolítica del Asia Central
La reconfiguración de los nuevos actores globales y regionales hacen que haya evolucionado el denominado Gran Juego, término acuñado durante la pugna que mantenían los imperios ruso y británico por la hegemonía en la zona.

Durante el tiempo en que EE. UU. fue la principal potencia hegemónica frente a la URSS, las teorías geopolíticas de Brzezinski establecían que la región centroasiática era una importante porción del gran tablero euroasiático, donde habría que actuar en el caso que Rusia se constituyese de nuevo como una gran potencia o se aliase con los iraníes o chinos.
La periferia de esta región constituía una zona de inestabilidad geopolítica, no solo por sus entidades nacionales, sino porque esta situación invitaba a la intrusión de sus vecinos con mayor poder, cada uno de ellos determinado a que los otros no adquieran el dominio en la región. Debido a la inestabilidad, fruto de la combinación de vacío y succión de poder, Brzezinski denominó a esta área como «Balcanes Euroasiáticos».
El cambio de siglo también trajo cambios en las nociones geopolíticas para el Asia Central. La dualidad entre potencias marítimas y terrestres había quedado desdibujada por el concepto de la globalización, en la que todos los actores se veían aprisionados en una extensión continua y comprimida por una crisis de espacio.
Además, el papel de los actores estatales se debilitó debido a que las grandes potencias globales habían dejado espacios de poder a otros Estados regionales, pero también habían permitido que organizaciones, grupos e individuos ocupasen roles cada vez más relevantes, convirtiendo los retos y amenazas en aspectos transnacionales.
En este contexto, la nueva conciencia que los Estados del Asia Central tomaron de sí mismos tras su independencia y su evolución posterior hizo que estos se predispusiesen a jugar su propio Pequeño Juego, situándoles como actores de una región que puede llegar a ser geopolíticamente activa e influyente.
En cierto modo, las construcciones geopolíticas que habían hecho las grandes potencias a su favor no se adaptaban a los nuevos tiempos ni a las necesidades de los actores del Asia Central, por lo que buscaron nuevos conceptos.
La noción clásica de control del territorio podría ser modificada por otra de accesibilidad del territorio, a su vez contrapuesta con la de autofuncionalidad del territorio. La accesibilidad haría referencia a la cooperación, comercio regional, intercambios de todo tipo, turismo, permisos de tránsito y sobrevuelos y libertad de movimientos. Este concepto implicaría la presencia compartida de las grandes potencias y la aceptación por parte de cada una de estas de la coexistencia junto a las demás.
Por su parte, la autofuncionalidad haría referencia a que cada uno de estos fragmentos de la antigua tierra corazón tiene independencia por sí mismo, pudiendo ser actores unitarios geopolíticamente activos. Esta independencia llevaría a una bilateralidad en las relaciones con las grandes potencias, haciendo que estas faciliten sus conexiones horizontales (este-oeste) y verticales (norte-sur) enlazando las áreas distales del continente eurasiático.
Es precisamente en este sentido donde entran a jugar las predisposiciones geopolíticas de los grandes actores de la región, constituidos por China y Rusia. Para los primeros, la región es un puente terrestre de unión con el oeste, a través del que pueden extraer materias primas y enviar sus productos elaborados. Por ello, la emulación de la antigua Ruta de la Seda constituye un objetivo a lograr y mantener. Sin embargo, esta vez la ruta estaría bajo el control chino, lo que podría incluir en un futuro el uso de la herramienta del poder militar. Este tipo de tendencia expansiva coincide con las teorías de Li Mingfu, quien enfatizó la necesidad de proteger las rutas hacia las fuentes de materias primas.
A este puente terrestre habría que unir la situación de Afganistán debido a que es un área de conexión en dirección al océano Índico. La iniciativa china de extensión hacia el oeste incluye las conexiones con su ruta marítima y por tanto son importantes las vías de comunicación que atraviesan el territorio afgano.

Afganistán constituye una alternativa al Corredor Económico China-Paquistán, que discurre a través del Karakorum hasta el valle del río Indo. Desde el territorio afgano se puede acceder igualmente a este valle y a los puertos paquistaníes de Karachi y de Gwadar, donde China ha establecido una importante base comercial.
Otra de las posibilidades que ofrece Afganistán es la conexión a través de Irán, pudiendo enlazar con Teherán y con los puertos del sur iraníes, destacando el de Chah-Bahar, donde los chinos han realizado importantes inversiones.
Actualmente Rusia ha ocupado gran parte del espacio de influencia de la antigua URSS, por lo que las teorías geopolíticas de la Escuela Euroasiática que en su día propugnasen Trubetskoi y Savitskii a principios del s. XX encajaban con las de Dugin y Prokhanov a principios del s. XXI. Estos, en un concepto de antagonismo entre los pueblos de la tierra corazón con las zonas marginales y el mundo isla americano, veían a Rusia como el elemento clave de la civilización euroasiática.

Para Alexander Dugin Eurasia estaba llamada a ser un «imperio de imperios» para lo que Rusia tendría que buscar alianzas que le permitiesen una salida al mar por el sur, donde se encontraría Irán. En este caso el corredor de comunicaciones que le conectase tendría que atravesar el Cáucaso o el Asia Central, pudiendo emplear ambos según las circunstancias.
La visión desde Rusia de los Estados del Asia Central es que estos tienden a la división por «sus características geográficas, económicas, culturales, de civilización y demográficas». Por ello se focalizan en la concentración, es decir, resolver prioritariamente y con pragmatismo sus propias dificultades, debido a que el proceso de fragmentación al que están sometidos les impide progresar en la realización de proyectos de integración a gran escala.
Sin embargo, este grupo de países tiene problemas comunes que hace que busquen soluciones consensuadas en los ámbitos de la seguridad regional, estabilidad de fronteras, resolución pacífica de disputas territoriales, cooperación transnacional y desarrollo del transporte transfronterizo.

Según el gráfico anterior las dificultades que aquejan a la región son la sobrepoblación, problemas ecológicos, tensiones políticas, rivalidades entre los países, conflictos con el agua y los interétnicos. En este entorno desde Rusia se proyectan como soluciones la realización de obras de infraestructura y el establecimiento de gasoductos y oleoductos. Por el contrario, desde la zona próxima a Afganistán se proyecta el islamismo, terrorismo, tráfico de drogas y emigración.
Además, para los rusos el progreso de estos países se ha producido de diferentes maneras, ya que de algún modo Kazajistán y Uzbekistán se han desarrollado como Estados funcionales completos, mientras que en Kirguistán no se ha completado por sus dos revoluciones de color y en Tayikistán a causa de la guerra civil de principios de los noventa.
La conmoción que ha producido la vuelta del régimen talibán a Afganistán en el tablero centroasiático es vista como una fuente de desestabilización para los intereses rusos por la posible penetración de ideologías extremistas, terrorismo, tráfico de drogas y el factible enfrentamiento en la frontera con Tayikistán. Es probable que esta situación lleve a Rusia a reforzar los lazos de cooperación militar en la zona a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC/CSTO) y a establecer una estrategia de bases militares, de la que la Base 201 de Tayikistán es un hecho consumado.
El concepto de conectividad y su aplicación en el Asia Central
El término conectividad abarca mucho más que la mera conexión física entre territorios. Para la anterior alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, este concepto incluye a las «infraestructuras físicas y no físicas a través de las que los bienes, servicios ideas y personas pueden fluir sin obstáculos»
Este término engloba conceptos relacionados con el carácter inmaterial de las comunicaciones que ponen en contacto lugares distantes de los territorios. Por ello son tan importantes las características que se les otorguen a los procedimientos de tránsito o aduaneros, los marcos legislativos o las especificaciones técnicas.
Sin embargo, para que todo esto ocurra se necesita dotar al sistema de las infraestructuras necesarias que lo sustenten, que en el caso de estudio se centran en las vías de comunicación terrestre. Por este motivo toman un papel preponderante las líneas ferroviarias, rentables a grandes distancias, carreteras y los oleoductos y gasoductos, que pueden transportar de un extremo a otro de la región las ingentes cantidades de hidrocarburos presentes en una de las cuencas gasíferas y petrolíferas más importantes del planeta.
Una tercera faceta marcada por la era de la globalización es el establecimiento de las redes digitales que soporten los conceptos anteriores para su óptimo desarrollo, aparte de proporcionar la necesaria interconexión entre autoridades, entidades, empresas y público en general, formando un entramado de relaciones que redundan en la prosperidad y un desarrollo eficiente de tipo sostenible.
Sin embargo, las anteriores consideraciones tienen en el Asia Central una serie de aspectos a mejorar y otros que pueden considerarse como obstáculos en el camino hacia el concepto de conectividad en la región centroasiática. Para la Unión Europea existen una serie de causas que llevan a que estos Estados sean de los menos interconectados del mundo:
La geografía es un factor muy influyente teniendo en cuenta que los países de la región no poseen acceso a las aguas libres de los océanos. Dentro de esta situación de tierras interiores hay un hecho diferencial, ya que al menos Kazajistán y Turkmenistán tienen acceso al mar Caspio, siendo este un espacio común de relación con otros actores. Sin embargo, Tayikistán,Uzbekistán, Kirguistán y el propio Afganistán solo poseen comunicaciones por vía terrestre.

La situación afgana es especialmente significativa, ya que es el puente natural que une el corazón del Asia Central con el subcontinente indio. Además, Afganistán constituye la retaguardia estratégica de Paquistán frente a la India.
Otro de los hechos que justifican la escasez de nexos de conexión en la región es el factor histórico. A pesar de las décadas de adoctrinamiento soviético no se puede considerar que Asia Central sea heredera de la antigua Unión Soviética en las mismas condiciones que lo son los territorios europeos exsoviéticos. De algún modo la zona asiática ha mantenido su propia
idiosincrasia.
Sin embargo, la ocupación soviética había establecido una maraña de infraestructuras que unían con Rusia a los territorios centroasiáticos. Cuando finalizó el régimen soviético esta red quedó superpuesta con la distribución tradicional de poblaciones y rutas de comunicación. De este modo Taskent y Ashkhabad, respectivas capitales de Uzbekistán y Turkmenistán, tenían una cultura urbana junto a las ancestrales ciudades de la Ruta de la Seda como Samarcanda, Bujara, Jiva, Khokand o Balk (cercana a Mazar e Sharif). Por otra parte, las ciudades de Dusambé en Tayikistán, Alma Ata en Kazajistán y Bishkek en Kirguistán fueron creadas por los bolcheviques para dar un sentido a las nacionalidades que estos establecieron.
Una causa añadida a las anteriores la constituyen las tensiones políticas de los Estados de la zona, que muchas veces están más preocupados en proteger su soberanía que en sacrificar esta en aras de la integración regional. Los países del área son percibidos como regímenes que tienden al aislamiento y que deben superar las barreras del proteccionismo económico. A esto hay que añadir que la mayoría de las economías de estos Estados no son especialmente industrializadas ni tecnológicamente desarrolladas, aparte de no tener vínculos que hagan que estas sean complementarias entre sí.
De la mano de esta situación viene la necesidad de la búsqueda de mayores libertades, compatibles con la seguridad, que no impidan el acceso a una región que tiene que ofrecer un gran abanico de posibilidades en el ámbito industrial, turístico y comercial.
Todo el panorama descrito de posibilidades y factores limitativos de la región del Asia Central hacen que, por sí misma, constituya un reto y que plantee el importante interrogante de si solo constituirá una región de paso y de la que extraer recursos naturales o, por el contrario, podrá convertirse en un auténtico espacio de relación y prosperidad.
Entre el hambre de energía y la sed de agua: la desigualdad del reparto
Asia Central es una de las principales cuencas gasíferas y petrolíferas del planeta. Aparte de los recursos energéticos en materia de hidrocarburos, hay que tener muy en cuenta las posibilidades que le ofrece la producción de energía hidroeléctrica y los yacimientos de uranio y carbón que existen en la región. Sin embargo, estos recursos no se hayan homogéneamente distribuidos, ni la conexión de estos con los centros de consumo interiores y exteriores es lo suficientemente robusta para permitir que estos bienes fluyan en cualquier dirección, según se produzca la necesidad interna o la demanda externa.
El panorama de los recursos energéticos queda distribuido de tal forma que kazajos, uzbecos y turkmenos tienen suficientes hidrocarburos para sus necesidades y la exportación. Entretanto, kirguís y tayikos necesitan los productos que abundan en los países vecinos, mientras que su energía hidroeléctrica no es capaz de proporcionar el suficiente suministro.
Los últimos estudios geológicos han situado esta zona como el nuevo intercambiador energético mundial. Un poco más del 95 % de las reservas de petróleo de la región y el 83 % de las reservas de gas se encuentran en Kazajistán y Turkmenistán, respectivamente25. En menores cantidades Uzbekistán posee 594 millones de barriles de petróleo y 65 billones de pies cúbicos de gas.
En cuanto a los recursos de carbón los principales se encuentran en la región kazaja de Karaganda, se ha estimado sus reservas en 28.200 millones de toneladas y una producción anual de más de 113 millones de toneladas, de las que consume unos 86 millones.

En relación con la producción de energía hidroeléctrica, Tayikistán y Kirguistán son los que poseen un mayor potencial al localizase en sus territorios las cabeceras de las cuencas fluviales más importantes. Sin embargo, la producción podría encontrarse limitada por la escasez de agua en un entorno de cambio climático. En Tayikistán la capacidad de este recurso podría llegar a los 5 gigawatios (GW), aunque su potencial es mayor. Por su parte Kirguistán podría producir 3 GW y Kazajistán 2,329.
La mayoría de los yacimientos de uranio del Asia Central se encuentran en afluentes a lo largo del río Sir-Darya, que atraviesa la densísimamente poblada área del valle de Ferganá, núcleo de los recursos agrícolas de toda la región. La explotación de estos yacimientos durante la época soviética tuvo un gran impacto medioambiental Hay que tener en cuenta las ingentes reservas kazajas de este mineral, que podrían ascender al 12 % del total global con una producción de 22.000 toneladas, que le colocan como primer productor del mundo31. Aunque Uzbekistán mantiene su producción de uranio en la confidencialidad, se estima que pueda producir 3.500 toneladas.
Las líneas de comunicación en la región
A lo largo del presente siglo se han intentado poner en marcha varias iniciativas relacionadas con el establecimiento de corredores de transporte a través del programa CAREC33, que se está realizando en varias fases. Una de las principales lecciones aprendidas es que es más fácil hacer las infraestructuras físicas de conexión que derribar las barreras burocráticas entre países.
Existen reticencias para el libre paso de personas y mercancías a través de los puntos de paso fronterizos, lo que ocasiona problemas para las rutas de comunicación más extensas, que tienen que atravesar las fronteras de varios Estados, ocasionando considerables retrasos concatenados y costes adicionales. Esto lleva a la deducción de la complejidad del tráfico en la región y que esta es un importante reto para la coordinación institucional, la cual necesita mejoras en las políticas entre Estados, sistemas de gobernanza y coordinación institucional para finalmente dar paso a una relación comercial fluida.
Aunque el volumen de comercio a largas distancias con los actores internos y externos a la región ha crecido a lo largo del tiempo, este se considera insuficiente. A pesar de que las inversiones en nuevas líneas de comunicación han sido importantes, la mayoría siguen siendo las mismas que unían el territorio con la Unión Soviética. Las líneas de comunicación con China aún están infrautilizadas, siendo la línea BRI, CR Express tan solo un proyecto marginal.
Dentro de las causas físicas que motivan este hecho se encuentra el que las líneas de comunicación para el transporte se han desarrollado fundamentalmente mediante infraestructuras lineales. Por este motivo las alternativas a una determinada ruta suelen ser escasas y se pueden producir cuellos de botella que ralentizan el tránsito a través de ellos por la recarga de contenedores en las líneas de ferrocarril con diferentes anchos de vía.
Otro problema al que se enfrenta el tránsito es el estado de las redes de comunicaciones y su mantenimiento. Aunque muchas de estas son de nueva construcción, necesitan inversiones que eviten su deterioro, al tiempo que las antiguas requieren profundas actualizaciones. Además, no existe un adecuado sistema de recopilación, difusión y análisis de datos, que permita un asesoramiento eficaz sobre las medidas implementadas o por implantar. Todo ello necesita además dotarse de una dimensión humana que proporcione personas con capacidades suficientes para llevar a cabo las labores de diseño, construcción, explotación y mantenimiento que requiere una red de comunicaciones moderna.
En cuanto al suministro y la interconexión de la red eléctrica existe una red establecida por los soviéticos en los años 80, pero tras la independencia esta cayó en desuso por las divergencias energéticas entre los Estados. Tras este proceso se mantuvo la antigua red, pero cada país estableció su estrategia propia de producción y distribución, con una conexión a Rusia a través de
Kazajistán.
Actualmente cuando existe la necesidad adicional de energía esta se suministra a través de la red rusa, pero los mecanismos de compensación son extremadamente vulnerables ante las demandas. Para colmo de males, la producción hidroeléctrica de Kirguistán y Tayikistán se suele ver afectada por las sequías y las disputas diplomáticas entre Estados.

Tras la desaparición de la URSS la infraestructura de transporte de hidrocarburos de la región continuó en un estado de atraso y de falta de desarrollo. Los países productores tenían serios problemas de obtención y transformación, por lo que recurrieron a empresas extranjeras. Durante estos primeros tiempos el petróleo y el gas fluyeron hacia el oeste a través de las obsoletas líneas rusas, aunque los países de occidente desconfiaban de la fiabilidad del suministro. Tras la gira de Xi Jinping en 2013 y la firma de acuerdos bilaterales, la orientación hacia los mercados chinos y de los países del sudeste asiático cambió significativamente, desarrollándose un importante mercado energético y de inversiones hacia oriente.

Los chinos habían comenzado a invertir en sus grandes proyectos de transporte de productos energéticos a principios de siglo a través del oleoducto Kazajistán-China y del Gasoducto Asia Central-China. Estos megaproyectos ocasionaron la implicación de China en la región al tiempo que los países centroasiáticos se hicieron cada vez más dependientes de China mientras la influencia rusa disminuía, a pesar de que se emplease la propia infraestructura rusa para abastecer el mercado energético chino.
Las relaciones entre los pueblos del Asia Central
Los países del Asia Central alcanzaron en 1991 una independencia para la que no se hallaban predispuestos. Cuando esta llegó se encontraron con un panorama exsoviético en el que se habían realizado particiones, territoriales y poblacionales, que fomentaban la competición y el conflicto. Los líderes de las nuevas repúblicas independientes eran casi todos los representantes de las anteriores estructuras del partido que, para legitimarse, tuvieron que disolver las viejas organizaciones ante una población desencantada y desorientada. La única excepción fue el caso de Tayikistán, que desembocó en una cruenta guerra civil.
Varios de los nuevos líderes se afianzaron al poder mediante el culto a su personalidad, reforzando el nacionalismo, pero desvinculándose de los sectores de la población civil que volvían a sus raíces islámicas. Entretanto, al otro lado del río Amu Darya, los habitantes afganos mantenían los lazos con las poblaciones afines del otro lado de la frontera.
En este nuevo conglomerado de países destacó la distribución de papeles entre kazajos y uzbecos, repartiéndose para los primeros las relaciones euroasiáticas mientras que los segundos se quedarían con la antigua región del Turquestán, sin que el resto de los actores implicados fuesen consultados. Esta orientación llevó a que al final de la primera década de siglo cada uno de los Estados llevase a cabo su propia estrategia, teniendo cada uno sus prioridades nacionales e internacionales, quedando marginadas de este modo las regionales.

El resultado fue que la herencia soviética creó unas complejas fronteras que se vieron exacerbadas por el culto al nacionalismo y al personalismo de los líderes. La consecuencia de esta situación fue la aparición de una infinidad de enclaves, exclaves y periclaves, aislados entre sí, separados de la Administración estatal y desconectados del resto del mundo. En regiones como Ferganá o Corasmia la situación se hizo especialmente delicada por la posibilidad de la extensión de los conflictos.
Las fronteras entre los Estados han sido una fuente constante de tensión que juega en contra de la unión de los pueblos centroasiáticos. A pesar de la firma de los primeros acuerdos de los años noventa, la situación en la frontera menos tensa, que separa Kazajistán de Turkmenistán, finalizó su demarcación en 2018. Kazajistán y Kirguistán han seguido un proceso similar y aunque llegaron a un acuerdo en 2019, la frontera no se haya completamente delimitada, continuando su trabajo las comisiones mixtas de demarcación.
Uzbekistán es el Estado que limita con todos los demás, por lo que no es de extrañar que tenga las fuerzas armadas más poderosas de la región. Durante la presidencia de Karimov muchos incidentes se resolvieron violentamente, pero con el nuevo mandato de Mirziyoyev parece que se está imponiendo la diplomacia. No obstante, la frontera con Kirguistán y Tayikistán se encuentra minada desde el año 2000, oficialmente por temor a la infiltración de extremistas islámicos, lo que ha ocasionado multitud de víctimas civiles.
Una de las zonas más delicadas es la que separa Tayikistán de Kirguistán donde, de los casi mil kilómetros de frontera, se encuentra demarcada aproximadamente la mitad. Esta carencia de referencias ha ocasionado que se hayan producido importantes incidentes armados entre las fuerzas de seguridad de ambos países y entre residentes kirguisos y tayikos, convirtiéndose en la frontera más peligrosa de todo el Asia Central.
Al sur de la región, tras la llegada al gobierno de los talibanes en Afganistán, se han producido algunos incidentes fronterizos con Turkmenistán y Tayikistán. Sin embargo, el mayor de los problemas de esta índole lo constituye la larga Línea Durand que separa Afganistán de Pakistán. Los talibanes abogan por la libre circulación del pueblo pastún a ambos lados de la línea.
La llegada al poder en Uzbekistán de Shavkat Mirziyoyev, en 2016, ha sido un factor importante para la distensión fronteriza entre todos los países. Gracias a ello ya no existen disputas en la frontera kazaja y las desavenencias que mantenía sobre el valle de Ferganá con Tayikistán y Kirguistán se han trasladado al terreno de las negociaciones. Igualmente se encuentran bajo conversaciones las anteriores tensiones en la frontera uzbeco-tayika mediante el procedimiento de negociaciones por secciones diferenciadas. Igualmente, en la frontera uzbeco-kirguisa se han intercambiado territorios y han aumentado significativamente los tramos de fronteras acordadas.
Un problema heredado de carácter social es el que las estructuras familiares tradicionales han quedado quebrantadas por las grandes migraciones de la época soviética entre los territorios. Actualmente la emigración entre países se produce desde Kirguistán y Tayikistán, lo que proporciona remesas a las familias que se quedan en sus lugares de origen. El destino más requerido suele ser Kazajistán, donde suelen encontrar empleo en la agricultura y en la construcción. El desplazamiento de estas personas suele derivar en episodios de discriminación.
Además, el éxodo del campo a las ciudades influyó en la distribución de la población como fuente adicional de desigualdad, debido a que los núcleos de población urbana disfrutaban de unas condiciones de vida más confortables, mientras que las poblaciones campesinas se veían privadas de muchos servicios y abastecimientos regulares.
Todo ello ha llevado a que en la actualidad la distribución étnica en un entorno de dualidad urbana y rural sea un reto que superar para logra la mejora de la vida de los habitantes de la región.
Teniendo en cuenta el mayor nivel de vida de las zonas urbanas, el primer país es Kazajistán con un 57,3 % de su población viviendo en ciudades, al que siguen Turkmenistán con un 51,1 % y Uzbekistán con un 50,5 %. Más atrás quedaría Kirguistán con un 36,3 % y en las últimas posiciones se encontrarían Tayikistán y Afganistán, no alcanzando ninguno de los dos el 27 %.
A pesar de estos datos se espera que la tendencia al aumento de la población urbana continúe y que se pueda paliar la peor calidad de vida de las áreas rurales, al tener que asistir a una menor población. Sin embargo, hay que contar con las barreras de los sistemas de pasaportes internos que denominados «прописка» o «propiska», son un legado de la antigua URSS. Este método se basa en la obligatoriedad de mantener el empadronamiento en el lugar de origen a menos que se demuestre una prueba de empleo o se pueda modificar este mediante soborno. Este tipo de obstáculos suele crear un patrón específico de migración interna, en el que las grandes masas de población excluida sobreviven fuera del control estatal, fomentando en muchos casos la criminalidad. (Tukmadiyeva, 2016: 15-16).
Otra de las consecuencias de la aplicación de esta legislación es la aparición de asentamientos suburbiales en las periferias de algunas de las ciudades más grandes como Almaty, Dushanbe y Bishkek. El caso de la ciudad kirguiza de Ohs, en el valle de Ferganá, es muy particular debido a que hasta ella se han trasladado uzbecos étnicos, pudiéndose producir episodios de violencia racial.
En relación con la población que sale del área del Asia Central, su destino principal suele ser Rusia. En estos movimientos destacan las migraciones a Rusia de rusos étnicos y de muchos jóvenes con formación. Esto constituye un efecto negativo por la desaparición de sus países de origen de las personas mejor cualificadas en un entorno poblacional en el que la mitad son menores de 30 años.
Conclusiones
Asia Central ha sido a lo largo de la historia la zona sobre la que pivota la gran masa de tierras del continente euroasiático. Independientemente de quienes sean las grandes potencias o los actores regionales predominantes, el papel de encrucijada desde los cuatro puntos cardinales configura la región como un pivote geopolítico.
El momento actual, en el que se impone un nuevo orden multivectorial y desequilibrado en el sistema internacional, es crucial para la estabilidad de esta área. Esto se debe a que se encuentra en la confluencia de los intereses de dos grandes potencias, constituidas por Rusia y China, que tienden en el largo plazo a ser competitivas entre sí por las vías de comunicación y por los ingentes recursos energéticos que poseen los Estados centroasiáticos. Esta competición entre potencias es una oportunidad que los países del Asia Central podrían emplear en su propio beneficio, buscando la ley del máximo beneficio en la dicotomía entre la oferta y la demanda.
La herencia histórica ha establecido en la región una distribución territorial incoherente, que es fuente de disputas externas e internas, a los que hay que sumar una conflictividad étnica y social. Bajo la estructura heredada de los relativamente recientes tiempos soviéticos subyace otra de orden ancestral que convive con la anterior, volviendo a sus antiguas raíces. Del choque entre ambas concepciones surgen en muchas ocasiones situaciones no deseables como la diferencia entre poblaciones urbanas y rurales, enclaves, falta de trabajo o la aglomeración de personas en áreas urbanas deprimidas. Entre las muchas consecuencias de estas situaciones se puede citar la corrupción, el crimen organizado, la violencia étnica o el integrismo islámico.
Sin embargo, también existen fuerzas interiores que tienden a la interconexión entre los actores centroasiáticos, intentando unir sus territorios y poblaciones. Esta tendencia a la unificación se hace más patente en los tiempos actuales, en los que se está produciendo un relevo generacional entre los primeros dirigentes de las repúblicas y donde muchas de las diferencias territoriales tienden a limarse, después de haber padecido conflictos innecesarios y llegar a la conclusión de que la diplomacia puede ser muchas veces la mejor solución.
En este entorno, muchas de las nuevas corrientes de pensamiento en el Asia Central han apostado por la búsqueda de la conectividad en la región, en el entendimiento de que toda esta área tiene una serie de intereses y recursos comunes que la hacen ser un polo de atracción, inversión y prosperidad frente a la tendencia extractiva de las grandes potencias.
Afganistán constituye un caso especial y dependiendo de cómo evolucione el actual gobierno talibán, el país podría sumarse a las redes de comunicación del resto de los países del Asia Central. Sin embargo, se considera que estos Estados serán muy cautos en sus relaciones con los afganos por temor a que se puedan importar a sus territorios movimientos violentos de corte yihadista.
La idea de la conectividad es especialmente confluyente con las aspiraciones de la Unión Europea y España. Por ello la Unión y sus Estados miembros han realizado un esfuerzo por encontrar en estos países una serie de intereses mutuos en el que todos puedan salir ganando. Muchos de los problemas que adolece la región pueden solucionarse con la colaboración de los países europeos, que pueden ayudar en los proyectos necesarios de gobernanza, gobernabilidad y gestión que los centroasiáticos necesitan para poner en marcha un círculo virtuoso de prosperidad.
Otro de los giros de este círculo lo constituye el progreso económico, que necesita que su infraestructura de transportes y energética no sea tan extractiva, sino que se dirija a la interconexión interna para facilitar el intercambio de bienes, productos, servicios, ideas y personas.
Finalmente, el círculo se consideraría cerrado si estos países se pudieran dotar de un sistema de seguridad que fuese capaz de contener amenazas internas, entre las que podríamos destacar la extensión del terrorismo yihadista y la violencia étnica, pero que a su vez pudiera poner freno a cualquier intento de injerencia externa por parte de un gran actor.
Desde el Observatorio de Asia Central de Casa Asia nos hacemos eco del libro Cuadernos de Estrategia 216. Asia Central: de pivote a encrucijada del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) publicando un capítulo mensual. Este mes de XXX de 2023 difundimos el primer capítulo «La conectividad del Asia Central: entre la Ruta de la Seda y la conexión interna», escrito por José Ignacio Castro Torres, Coronel del Ejército de Tierra y analista principal en el Instituto Español de Estudios Estratégicos
Capítulo primero. La conectividad del Asia Central: entre la Ruta de la Seda y la conexión interna
Introducción
Asia Central se encuentra en el corazón del continente euroasiático, por lo que constituye un vínculo de unión entre Oriente y Occidente, aparte de una región de paso para conectar las tierras interiores de esta gran masa continental con las aguas cálidas del océano Índico.
El territorio posee importantes reservas de materias primas, entre las que destacan los hidrocarburos y el uranio, aunque estas se encuentren desigualmente repartidas. Del mismo modo se distribuye irregularmente el agua dulce, de tal forma que los países que poseen el gas y petróleo tienen problemas de abastecimiento hídrico y viceversa.
La herencia soviética afectó a toda la zona y cambió su configuración tradicional, que pivotaba sobre el valle de Ferganá, a una división artificial separando territorios y pueblos y estableciendo de vías de comunicación que tienden a dirigirse hacia Rusia, más que a las conexiones interiores.
La configuración del espacio geográfico tras la independencia de estas repúblicas ha sido el origen de posteriores disputas territoriales, poblacionales y étnicas. No obstante, siempre ha existido un deseo de establecer vínculos internos en la región que permitiesen el intercambio de productos y mercancías, personas, conocimientos y aspiraciones comunes, que se podrían aunar todos ellos en un término denominado conectividad.
Frente a este ideal común existen dos actores principales, constituidos por China y Rusia, que proyectan su poder sobre la región. Para el primero Asia Central constituye una zona de paso para su Franja y Ruta de la Seda, así como un área de extracción de recursos energéticos, que se encuentra próxima a sus centros de producción industrial. Para Rusia, el Asia Central es una región de expansión hacia el sur para poder acceder al gran Oriente Medio y al océano Índico. Además, el control efectivo del territorio podría hacer depender a los chinos de una alianza con Rusia, quien se ve a sí misma como un gran intercambiador energético para el abastecimiento de Europa Occidental.
Ambos grandes actores se encuentran lógicamente interesados en que la región no se constituya en una entidad unificada mediante las interconexiones y acuerdos internos. Por ello intentan que las vías de comunicación y de trasporte de los hidrocarburos se dirijan hacia sus propios territorios, al tiempo que buscan los acuerdos bilaterales con los países centroasiáticos, sabiendo que tienen las de ganar en una relación de mayor a menor.
Entre estas dos pulsiones se encuentra el mundo occidental, donde los estadounidenses podrían considerar que se hallan en una posición distal después de su salida de Afganistán. Sin embargo, para Europa es de una trascendencia fundamental. Por ello, la Unión Europea ha realizado una apuesta por apoyar la conectividad entre estos países, al tiempo que fomenta su prosperidad en un beneficio mutuo y transmite sus valores ideológicos y culturales.
La geopolítica del Asia Central
La reconfiguración de los nuevos actores globales y regionales hacen que haya evolucionado el denominado Gran Juego, término acuñado durante la pugna que mantenían los imperios ruso y británico por la hegemonía en la zona.

Durante el tiempo en que EE. UU. fue la principal potencia hegemónica frente a la URSS, las teorías geopolíticas de Brzezinski establecían que la región centroasiática era una importante porción del gran tablero euroasiático, donde habría que actuar en el caso que Rusia se constituyese de nuevo como una gran potencia o se aliase con los iraníes o chinos.
La periferia de esta región constituía una zona de inestabilidad geopolítica, no solo por sus entidades nacionales, sino porque esta situación invitaba a la intrusión de sus vecinos con mayor poder, cada uno de ellos determinado a que los otros no adquieran el dominio en la región. Debido a la inestabilidad, fruto de la combinación de vacío y succión de poder, Brzezinski denominó a esta área como «Balcanes Euroasiáticos».
El cambio de siglo también trajo cambios en las nociones geopolíticas para el Asia Central. La dualidad entre potencias marítimas y terrestres había quedado desdibujada por el concepto de la globalización, en la que todos los actores se veían aprisionados en una extensión continua y comprimida por una crisis de espacio.
Además, el papel de los actores estatales se debilitó debido a que las grandes potencias globales habían dejado espacios de poder a otros Estados regionales, pero también habían permitido que organizaciones, grupos e individuos ocupasen roles cada vez más relevantes, convirtiendo los retos y amenazas en aspectos transnacionales.
En este contexto, la nueva conciencia que los Estados del Asia Central tomaron de sí mismos tras su independencia y su evolución posterior hizo que estos se predispusiesen a jugar su propio Pequeño Juego, situándoles como actores de una región que puede llegar a ser geopolíticamente activa e influyente.
En cierto modo, las construcciones geopolíticas que habían hecho las grandes potencias a su favor no se adaptaban a los nuevos tiempos ni a las necesidades de los actores del Asia Central, por lo que buscaron nuevos conceptos.
La noción clásica de control del territorio podría ser modificada por otra de accesibilidad del territorio, a su vez contrapuesta con la de autofuncionalidad del territorio. La accesibilidad haría referencia a la cooperación, comercio regional, intercambios de todo tipo, turismo, permisos de tránsito y sobrevuelos y libertad de movimientos. Este concepto implicaría la presencia compartida de las grandes potencias y la aceptación por parte de cada una de estas de la coexistencia junto a las demás.
Por su parte, la autofuncionalidad haría referencia a que cada uno de estos fragmentos de la antigua tierra corazón tiene independencia por sí mismo, pudiendo ser actores unitarios geopolíticamente activos. Esta independencia llevaría a una bilateralidad en las relaciones con las grandes potencias, haciendo que estas faciliten sus conexiones horizontales (este-oeste) y verticales (norte-sur) enlazando las áreas distales del continente eurasiático.
Es precisamente en este sentido donde entran a jugar las predisposiciones geopolíticas de los grandes actores de la región, constituidos por China y Rusia. Para los primeros, la región es un puente terrestre de unión con el oeste, a través del que pueden extraer materias primas y enviar sus productos elaborados. Por ello, la emulación de la antigua Ruta de la Seda constituye un objetivo a lograr y mantener. Sin embargo, esta vez la ruta estaría bajo el control chino, lo que podría incluir en un futuro el uso de la herramienta del poder militar. Este tipo de tendencia expansiva coincide con las teorías de Li Mingfu, quien enfatizó la necesidad de proteger las rutas hacia las fuentes de materias primas.
A este puente terrestre habría que unir la situación de Afganistán debido a que es un área de conexión en dirección al océano Índico. La iniciativa china de extensión hacia el oeste incluye las conexiones con su ruta marítima y por tanto son importantes las vías de comunicación que atraviesan el territorio afgano.

Afganistán constituye una alternativa al Corredor Económico China-Paquistán, que discurre a través del Karakorum hasta el valle del río Indo. Desde el territorio afgano se puede acceder igualmente a este valle y a los puertos paquistaníes de Karachi y de Gwadar, donde China ha establecido una importante base comercial.
Otra de las posibilidades que ofrece Afganistán es la conexión a través de Irán, pudiendo enlazar con Teherán y con los puertos del sur iraníes, destacando el de Chah-Bahar, donde los chinos han realizado importantes inversiones.
Actualmente Rusia ha ocupado gran parte del espacio de influencia de la antigua URSS, por lo que las teorías geopolíticas de la Escuela Euroasiática que en su día propugnasen Trubetskoi y Savitskii a principios del s. XX encajaban con las de Dugin y Prokhanov a principios del s. XXI. Estos, en un concepto de antagonismo entre los pueblos de la tierra corazón con las zonas marginales y el mundo isla americano, veían a Rusia como el elemento clave de la civilización euroasiática.

Para Alexander Dugin Eurasia estaba llamada a ser un «imperio de imperios» para lo que Rusia tendría que buscar alianzas que le permitiesen una salida al mar por el sur, donde se encontraría Irán. En este caso el corredor de comunicaciones que le conectase tendría que atravesar el Cáucaso o el Asia Central, pudiendo emplear ambos según las circunstancias.
La visión desde Rusia de los Estados del Asia Central es que estos tienden a la división por «sus características geográficas, económicas, culturales, de civilización y demográficas». Por ello se focalizan en la concentración, es decir, resolver prioritariamente y con pragmatismo sus propias dificultades, debido a que el proceso de fragmentación al que están sometidos les impide progresar en la realización de proyectos de integración a gran escala.
Sin embargo, este grupo de países tiene problemas comunes que hace que busquen soluciones consensuadas en los ámbitos de la seguridad regional, estabilidad de fronteras, resolución pacífica de disputas territoriales, cooperación transnacional y desarrollo del transporte transfronterizo.

Según el gráfico anterior las dificultades que aquejan a la región son la sobrepoblación, problemas ecológicos, tensiones políticas, rivalidades entre los países, conflictos con el agua y los interétnicos. En este entorno desde Rusia se proyectan como soluciones la realización de obras de infraestructura y el establecimiento de gasoductos y oleoductos. Por el contrario, desde la zona próxima a Afganistán se proyecta el islamismo, terrorismo, tráfico de drogas y emigración.
Además, para los rusos el progreso de estos países se ha producido de diferentes maneras, ya que de algún modo Kazajistán y Uzbekistán se han desarrollado como Estados funcionales completos, mientras que en Kirguistán no se ha completado por sus dos revoluciones de color y en Tayikistán a causa de la guerra civil de principios de los noventa.
La conmoción que ha producido la vuelta del régimen talibán a Afganistán en el tablero centroasiático es vista como una fuente de desestabilización para los intereses rusos por la posible penetración de ideologías extremistas, terrorismo, tráfico de drogas y el factible enfrentamiento en la frontera con Tayikistán. Es probable que esta situación lleve a Rusia a reforzar los lazos de cooperación militar en la zona a través de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC/CSTO) y a establecer una estrategia de bases militares, de la que la Base 201 de Tayikistán es un hecho consumado.
El concepto de conectividad y su aplicación en el Asia Central
El término conectividad abarca mucho más que la mera conexión física entre territorios. Para la anterior alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, este concepto incluye a las «infraestructuras físicas y no físicas a través de las que los bienes, servicios ideas y personas pueden fluir sin obstáculos»
Este término engloba conceptos relacionados con el carácter inmaterial de las comunicaciones que ponen en contacto lugares distantes de los territorios. Por ello son tan importantes las características que se les otorguen a los procedimientos de tránsito o aduaneros, los marcos legislativos o las especificaciones técnicas.
Sin embargo, para que todo esto ocurra se necesita dotar al sistema de las infraestructuras necesarias que lo sustenten, que en el caso de estudio se centran en las vías de comunicación terrestre. Por este motivo toman un papel preponderante las líneas ferroviarias, rentables a grandes distancias, carreteras y los oleoductos y gasoductos, que pueden transportar de un extremo a otro de la región las ingentes cantidades de hidrocarburos presentes en una de las cuencas gasíferas y petrolíferas más importantes del planeta.
Una tercera faceta marcada por la era de la globalización es el establecimiento de las redes digitales que soporten los conceptos anteriores para su óptimo desarrollo, aparte de proporcionar la necesaria interconexión entre autoridades, entidades, empresas y público en general, formando un entramado de relaciones que redundan en la prosperidad y un desarrollo eficiente de tipo sostenible.
Sin embargo, las anteriores consideraciones tienen en el Asia Central una serie de aspectos a mejorar y otros que pueden considerarse como obstáculos en el camino hacia el concepto de conectividad en la región centroasiática. Para la Unión Europea existen una serie de causas que llevan a que estos Estados sean de los menos interconectados del mundo:
La geografía es un factor muy influyente teniendo en cuenta que los países de la región no poseen acceso a las aguas libres de los océanos. Dentro de esta situación de tierras interiores hay un hecho diferencial, ya que al menos Kazajistán y Turkmenistán tienen acceso al mar Caspio, siendo este un espacio común de relación con otros actores. Sin embargo, Tayikistán,Uzbekistán, Kirguistán y el propio Afganistán solo poseen comunicaciones por vía terrestre.

La situación afgana es especialmente significativa, ya que es el puente natural que une el corazón del Asia Central con el subcontinente indio. Además, Afganistán constituye la retaguardia estratégica de Paquistán frente a la India.
Otro de los hechos que justifican la escasez de nexos de conexión en la región es el factor histórico. A pesar de las décadas de adoctrinamiento soviético no se puede considerar que Asia Central sea heredera de la antigua Unión Soviética en las mismas condiciones que lo son los territorios europeos exsoviéticos. De algún modo la zona asiática ha mantenido su propia
idiosincrasia.
Sin embargo, la ocupación soviética había establecido una maraña de infraestructuras que unían con Rusia a los territorios centroasiáticos. Cuando finalizó el régimen soviético esta red quedó superpuesta con la distribución tradicional de poblaciones y rutas de comunicación. De este modo Taskent y Ashkhabad, respectivas capitales de Uzbekistán y Turkmenistán, tenían una cultura urbana junto a las ancestrales ciudades de la Ruta de la Seda como Samarcanda, Bujara, Jiva, Khokand o Balk (cercana a Mazar e Sharif). Por otra parte, las ciudades de Dusambé en Tayikistán, Alma Ata en Kazajistán y Bishkek en Kirguistán fueron creadas por los bolcheviques para dar un sentido a las nacionalidades que estos establecieron.
Una causa añadida a las anteriores la constituyen las tensiones políticas de los Estados de la zona, que muchas veces están más preocupados en proteger su soberanía que en sacrificar esta en aras de la integración regional. Los países del área son percibidos como regímenes que tienden al aislamiento y que deben superar las barreras del proteccionismo económico. A esto hay que añadir que la mayoría de las economías de estos Estados no son especialmente industrializadas ni tecnológicamente desarrolladas, aparte de no tener vínculos que hagan que estas sean complementarias entre sí.
De la mano de esta situación viene la necesidad de la búsqueda de mayores libertades, compatibles con la seguridad, que no impidan el acceso a una región que tiene que ofrecer un gran abanico de posibilidades en el ámbito industrial, turístico y comercial.
Todo el panorama descrito de posibilidades y factores limitativos de la región del Asia Central hacen que, por sí misma, constituya un reto y que plantee el importante interrogante de si solo constituirá una región de paso y de la que extraer recursos naturales o, por el contrario, podrá convertirse en un auténtico espacio de relación y prosperidad.
Entre el hambre de energía y la sed de agua: la desigualdad del reparto
Asia Central es una de las principales cuencas gasíferas y petrolíferas del planeta. Aparte de los recursos energéticos en materia de hidrocarburos, hay que tener muy en cuenta las posibilidades que le ofrece la producción de energía hidroeléctrica y los yacimientos de uranio y carbón que existen en la región. Sin embargo, estos recursos no se hayan homogéneamente distribuidos, ni la conexión de estos con los centros de consumo interiores y exteriores es lo suficientemente robusta para permitir que estos bienes fluyan en cualquier dirección, según se produzca la necesidad interna o la demanda externa.
El panorama de los recursos energéticos queda distribuido de tal forma que kazajos, uzbecos y turkmenos tienen suficientes hidrocarburos para sus necesidades y la exportación. Entretanto, kirguís y tayikos necesitan los productos que abundan en los países vecinos, mientras que su energía hidroeléctrica no es capaz de proporcionar el suficiente suministro.
Los últimos estudios geológicos han situado esta zona como el nuevo intercambiador energético mundial. Un poco más del 95 % de las reservas de petróleo de la región y el 83 % de las reservas de gas se encuentran en Kazajistán y Turkmenistán, respectivamente25. En menores cantidades Uzbekistán posee 594 millones de barriles de petróleo y 65 billones de pies cúbicos de gas.
En cuanto a los recursos de carbón los principales se encuentran en la región kazaja de Karaganda, se ha estimado sus reservas en 28.200 millones de toneladas y una producción anual de más de 113 millones de toneladas, de las que consume unos 86 millones.

En relación con la producción de energía hidroeléctrica, Tayikistán y Kirguistán son los que poseen un mayor potencial al localizase en sus territorios las cabeceras de las cuencas fluviales más importantes. Sin embargo, la producción podría encontrarse limitada por la escasez de agua en un entorno de cambio climático. En Tayikistán la capacidad de este recurso podría llegar a los 5 gigawatios (GW), aunque su potencial es mayor. Por su parte Kirguistán podría producir 3 GW y Kazajistán 2,329.
La mayoría de los yacimientos de uranio del Asia Central se encuentran en afluentes a lo largo del río Sir-Darya, que atraviesa la densísimamente poblada área del valle de Ferganá, núcleo de los recursos agrícolas de toda la región. La explotación de estos yacimientos durante la época soviética tuvo un gran impacto medioambiental Hay que tener en cuenta las ingentes reservas kazajas de este mineral, que podrían ascender al 12 % del total global con una producción de 22.000 toneladas, que le colocan como primer productor del mundo31. Aunque Uzbekistán mantiene su producción de uranio en la confidencialidad, se estima que pueda producir 3.500 toneladas.
Las líneas de comunicación en la región
A lo largo del presente siglo se han intentado poner en marcha varias iniciativas relacionadas con el establecimiento de corredores de transporte a través del programa CAREC33, que se está realizando en varias fases. Una de las principales lecciones aprendidas es que es más fácil hacer las infraestructuras físicas de conexión que derribar las barreras burocráticas entre países.
Existen reticencias para el libre paso de personas y mercancías a través de los puntos de paso fronterizos, lo que ocasiona problemas para las rutas de comunicación más extensas, que tienen que atravesar las fronteras de varios Estados, ocasionando considerables retrasos concatenados y costes adicionales. Esto lleva a la deducción de la complejidad del tráfico en la región y que esta es un importante reto para la coordinación institucional, la cual necesita mejoras en las políticas entre Estados, sistemas de gobernanza y coordinación institucional para finalmente dar paso a una relación comercial fluida.
Aunque el volumen de comercio a largas distancias con los actores internos y externos a la región ha crecido a lo largo del tiempo, este se considera insuficiente. A pesar de que las inversiones en nuevas líneas de comunicación han sido importantes, la mayoría siguen siendo las mismas que unían el territorio con la Unión Soviética. Las líneas de comunicación con China aún están infrautilizadas, siendo la línea BRI, CR Express tan solo un proyecto marginal.
Dentro de las causas físicas que motivan este hecho se encuentra el que las líneas de comunicación para el transporte se han desarrollado fundamentalmente mediante infraestructuras lineales. Por este motivo las alternativas a una determinada ruta suelen ser escasas y se pueden producir cuellos de botella que ralentizan el tránsito a través de ellos por la recarga de contenedores en las líneas de ferrocarril con diferentes anchos de vía.
Otro problema al que se enfrenta el tránsito es el estado de las redes de comunicaciones y su mantenimiento. Aunque muchas de estas son de nueva construcción, necesitan inversiones que eviten su deterioro, al tiempo que las antiguas requieren profundas actualizaciones. Además, no existe un adecuado sistema de recopilación, difusión y análisis de datos, que permita un asesoramiento eficaz sobre las medidas implementadas o por implantar. Todo ello necesita además dotarse de una dimensión humana que proporcione personas con capacidades suficientes para llevar a cabo las labores de diseño, construcción, explotación y mantenimiento que requiere una red de comunicaciones moderna.
En cuanto al suministro y la interconexión de la red eléctrica existe una red establecida por los soviéticos en los años 80, pero tras la independencia esta cayó en desuso por las divergencias energéticas entre los Estados. Tras este proceso se mantuvo la antigua red, pero cada país estableció su estrategia propia de producción y distribución, con una conexión a Rusia a través de
Kazajistán.
Actualmente cuando existe la necesidad adicional de energía esta se suministra a través de la red rusa, pero los mecanismos de compensación son extremadamente vulnerables ante las demandas. Para colmo de males, la producción hidroeléctrica de Kirguistán y Tayikistán se suele ver afectada por las sequías y las disputas diplomáticas entre Estados.

Tras la desaparición de la URSS la infraestructura de transporte de hidrocarburos de la región continuó en un estado de atraso y de falta de desarrollo. Los países productores tenían serios problemas de obtención y transformación, por lo que recurrieron a empresas extranjeras. Durante estos primeros tiempos el petróleo y el gas fluyeron hacia el oeste a través de las obsoletas líneas rusas, aunque los países de occidente desconfiaban de la fiabilidad del suministro. Tras la gira de Xi Jinping en 2013 y la firma de acuerdos bilaterales, la orientación hacia los mercados chinos y de los países del sudeste asiático cambió significativamente, desarrollándose un importante mercado energético y de inversiones hacia oriente.

Los chinos habían comenzado a invertir en sus grandes proyectos de transporte de productos energéticos a principios de siglo a través del oleoducto Kazajistán-China y del Gasoducto Asia Central-China. Estos megaproyectos ocasionaron la implicación de China en la región al tiempo que los países centroasiáticos se hicieron cada vez más dependientes de China mientras la influencia rusa disminuía, a pesar de que se emplease la propia infraestructura rusa para abastecer el mercado energético chino.
Las relaciones entre los pueblos del Asia Central
Los países del Asia Central alcanzaron en 1991 una independencia para la que no se hallaban predispuestos. Cuando esta llegó se encontraron con un panorama exsoviético en el que se habían realizado particiones, territoriales y poblacionales, que fomentaban la competición y el conflicto. Los líderes de las nuevas repúblicas independientes eran casi todos los representantes de las anteriores estructuras del partido que, para legitimarse, tuvieron que disolver las viejas organizaciones ante una población desencantada y desorientada. La única excepción fue el caso de Tayikistán, que desembocó en una cruenta guerra civil.
Varios de los nuevos líderes se afianzaron al poder mediante el culto a su personalidad, reforzando el nacionalismo, pero desvinculándose de los sectores de la población civil que volvían a sus raíces islámicas. Entretanto, al otro lado del río Amu Darya, los habitantes afganos mantenían los lazos con las poblaciones afines del otro lado de la frontera.
En este nuevo conglomerado de países destacó la distribución de papeles entre kazajos y uzbecos, repartiéndose para los primeros las relaciones euroasiáticas mientras que los segundos se quedarían con la antigua región del Turquestán, sin que el resto de los actores implicados fuesen consultados. Esta orientación llevó a que al final de la primera década de siglo cada uno de los Estados llevase a cabo su propia estrategia, teniendo cada uno sus prioridades nacionales e internacionales, quedando marginadas de este modo las regionales.

El resultado fue que la herencia soviética creó unas complejas fronteras que se vieron exacerbadas por el culto al nacionalismo y al personalismo de los líderes. La consecuencia de esta situación fue la aparición de una infinidad de enclaves, exclaves y periclaves, aislados entre sí, separados de la Administración estatal y desconectados del resto del mundo. En regiones como Ferganá o Corasmia la situación se hizo especialmente delicada por la posibilidad de la extensión de los conflictos.
Las fronteras entre los Estados han sido una fuente constante de tensión que juega en contra de la unión de los pueblos centroasiáticos. A pesar de la firma de los primeros acuerdos de los años noventa, la situación en la frontera menos tensa, que separa Kazajistán de Turkmenistán, finalizó su demarcación en 2018. Kazajistán y Kirguistán han seguido un proceso similar y aunque llegaron a un acuerdo en 2019, la frontera no se haya completamente delimitada, continuando su trabajo las comisiones mixtas de demarcación.
Uzbekistán es el Estado que limita con todos los demás, por lo que no es de extrañar que tenga las fuerzas armadas más poderosas de la región. Durante la presidencia de Karimov muchos incidentes se resolvieron violentamente, pero con el nuevo mandato de Mirziyoyev parece que se está imponiendo la diplomacia. No obstante, la frontera con Kirguistán y Tayikistán se encuentra minada desde el año 2000, oficialmente por temor a la infiltración de extremistas islámicos, lo que ha ocasionado multitud de víctimas civiles.
Una de las zonas más delicadas es la que separa Tayikistán de Kirguistán donde, de los casi mil kilómetros de frontera, se encuentra demarcada aproximadamente la mitad. Esta carencia de referencias ha ocasionado que se hayan producido importantes incidentes armados entre las fuerzas de seguridad de ambos países y entre residentes kirguisos y tayikos, convirtiéndose en la frontera más peligrosa de todo el Asia Central.
Al sur de la región, tras la llegada al gobierno de los talibanes en Afganistán, se han producido algunos incidentes fronterizos con Turkmenistán y Tayikistán. Sin embargo, el mayor de los problemas de esta índole lo constituye la larga Línea Durand que separa Afganistán de Pakistán. Los talibanes abogan por la libre circulación del pueblo pastún a ambos lados de la línea.
La llegada al poder en Uzbekistán de Shavkat Mirziyoyev, en 2016, ha sido un factor importante para la distensión fronteriza entre todos los países. Gracias a ello ya no existen disputas en la frontera kazaja y las desavenencias que mantenía sobre el valle de Ferganá con Tayikistán y Kirguistán se han trasladado al terreno de las negociaciones. Igualmente se encuentran bajo conversaciones las anteriores tensiones en la frontera uzbeco-tayika mediante el procedimiento de negociaciones por secciones diferenciadas. Igualmente, en la frontera uzbeco-kirguisa se han intercambiado territorios y han aumentado significativamente los tramos de fronteras acordadas.
Un problema heredado de carácter social es el que las estructuras familiares tradicionales han quedado quebrantadas por las grandes migraciones de la época soviética entre los territorios. Actualmente la emigración entre países se produce desde Kirguistán y Tayikistán, lo que proporciona remesas a las familias que se quedan en sus lugares de origen. El destino más requerido suele ser Kazajistán, donde suelen encontrar empleo en la agricultura y en la construcción. El desplazamiento de estas personas suele derivar en episodios de discriminación.
Además, el éxodo del campo a las ciudades influyó en la distribución de la población como fuente adicional de desigualdad, debido a que los núcleos de población urbana disfrutaban de unas condiciones de vida más confortables, mientras que las poblaciones campesinas se veían privadas de muchos servicios y abastecimientos regulares.
Todo ello ha llevado a que en la actualidad la distribución étnica en un entorno de dualidad urbana y rural sea un reto que superar para logra la mejora de la vida de los habitantes de la región.
Teniendo en cuenta el mayor nivel de vida de las zonas urbanas, el primer país es Kazajistán con un 57,3 % de su población viviendo en ciudades, al que siguen Turkmenistán con un 51,1 % y Uzbekistán con un 50,5 %. Más atrás quedaría Kirguistán con un 36,3 % y en las últimas posiciones se encontrarían Tayikistán y Afganistán, no alcanzando ninguno de los dos el 27 %.
A pesar de estos datos se espera que la tendencia al aumento de la población urbana continúe y que se pueda paliar la peor calidad de vida de las áreas rurales, al tener que asistir a una menor población. Sin embargo, hay que contar con las barreras de los sistemas de pasaportes internos que denominados «прописка» o «propiska», son un legado de la antigua URSS. Este método se basa en la obligatoriedad de mantener el empadronamiento en el lugar de origen a menos que se demuestre una prueba de empleo o se pueda modificar este mediante soborno. Este tipo de obstáculos suele crear un patrón específico de migración interna, en el que las grandes masas de población excluida sobreviven fuera del control estatal, fomentando en muchos casos la criminalidad. (Tukmadiyeva, 2016: 15-16).
Otra de las consecuencias de la aplicación de esta legislación es la aparición de asentamientos suburbiales en las periferias de algunas de las ciudades más grandes como Almaty, Dushanbe y Bishkek. El caso de la ciudad kirguiza de Ohs, en el valle de Ferganá, es muy particular debido a que hasta ella se han trasladado uzbecos étnicos, pudiéndose producir episodios de violencia racial.
En relación con la población que sale del área del Asia Central, su destino principal suele ser Rusia. En estos movimientos destacan las migraciones a Rusia de rusos étnicos y de muchos jóvenes con formación. Esto constituye un efecto negativo por la desaparición de sus países de origen de las personas mejor cualificadas en un entorno poblacional en el que la mitad son menores de 30 años.
Conclusiones
Asia Central ha sido a lo largo de la historia la zona sobre la que pivota la gran masa de tierras del continente euroasiático. Independientemente de quienes sean las grandes potencias o los actores regionales predominantes, el papel de encrucijada desde los cuatro puntos cardinales configura la región como un pivote geopolítico.
El momento actual, en el que se impone un nuevo orden multivectorial y desequilibrado en el sistema internacional, es crucial para la estabilidad de esta área. Esto se debe a que se encuentra en la confluencia de los intereses de dos grandes potencias, constituidas por Rusia y China, que tienden en el largo plazo a ser competitivas entre sí por las vías de comunicación y por los ingentes recursos energéticos que poseen los Estados centroasiáticos. Esta competición entre potencias es una oportunidad que los países del Asia Central podrían emplear en su propio beneficio, buscando la ley del máximo beneficio en la dicotomía entre la oferta y la demanda.
La herencia histórica ha establecido en la región una distribución territorial incoherente, que es fuente de disputas externas e internas, a los que hay que sumar una conflictividad étnica y social. Bajo la estructura heredada de los relativamente recientes tiempos soviéticos subyace otra de orden ancestral que convive con la anterior, volviendo a sus antiguas raíces. Del choque entre ambas concepciones surgen en muchas ocasiones situaciones no deseables como la diferencia entre poblaciones urbanas y rurales, enclaves, falta de trabajo o la aglomeración de personas en áreas urbanas deprimidas. Entre las muchas consecuencias de estas situaciones se puede citar la corrupción, el crimen organizado, la violencia étnica o el integrismo islámico.
Sin embargo, también existen fuerzas interiores que tienden a la interconexión entre los actores centroasiáticos, intentando unir sus territorios y poblaciones. Esta tendencia a la unificación se hace más patente en los tiempos actuales, en los que se está produciendo un relevo generacional entre los primeros dirigentes de las repúblicas y donde muchas de las diferencias territoriales tienden a limarse, después de haber padecido conflictos innecesarios y llegar a la conclusión de que la diplomacia puede ser muchas veces la mejor solución.
En este entorno, muchas de las nuevas corrientes de pensamiento en el Asia Central han apostado por la búsqueda de la conectividad en la región, en el entendimiento de que toda esta área tiene una serie de intereses y recursos comunes que la hacen ser un polo de atracción, inversión y prosperidad frente a la tendencia extractiva de las grandes potencias.
Afganistán constituye un caso especial y dependiendo de cómo evolucione el actual gobierno talibán, el país podría sumarse a las redes de comunicación del resto de los países del Asia Central. Sin embargo, se considera que estos Estados serán muy cautos en sus relaciones con los afganos por temor a que se puedan importar a sus territorios movimientos violentos de corte yihadista.
La idea de la conectividad es especialmente confluyente con las aspiraciones de la Unión Europea y España. Por ello la Unión y sus Estados miembros han realizado un esfuerzo por encontrar en estos países una serie de intereses mutuos en el que todos puedan salir ganando. Muchos de los problemas que adolece la región pueden solucionarse con la colaboración de los países europeos, que pueden ayudar en los proyectos necesarios de gobernanza, gobernabilidad y gestión que los centroasiáticos necesitan para poner en marcha un círculo virtuoso de prosperidad.
Otro de los giros de este círculo lo constituye el progreso económico, que necesita que su infraestructura de transportes y energética no sea tan extractiva, sino que se dirija a la interconexión interna para facilitar el intercambio de bienes, productos, servicios, ideas y personas.
Finalmente, el círculo se consideraría cerrado si estos países se pudieran dotar de un sistema de seguridad que fuese capaz de contener amenazas internas, entre las que podríamos destacar la extensión del terrorismo yihadista y la violencia étnica, pero que a su vez pudiera poner freno a cualquier intento de injerencia externa por parte de un gran actor.








