Por Menene Gras Balaguer, directora de Cultura y Exposiciones | directora del Asian Film Festival Barcelona, Casa Asia
Desde Asia Central hasta Asia Pacífico, y de oriente a occidente, todas las mujeres pueden ser Turandot en la 61 Bienal de Venecia 2026, o una manera de serlo, ante el papel que algunas de ellas han representado en la presente edición como es el caso primero de la misma Koyo Kouoh, que falleció prematuramente el 8 de mayo de 2025, dejando un proyecto hecho, cuya ejecución ha seguido hasta ahora el equipo que ella reunió desde el inicio, en cuanto concibió cómo quería que fuera este evento que cada año amplía las representacionales nacionales con una convocatoria que reivindicaba mitos y tradiciones o mundos mágicos buscando en el origen aquello que nos hace ser lo que somos realmente. La exposición central de la Bienal con la participación de 66 artistas de diferentes nacionalidades ha tratado de seguir las líneas de trabajo de la propuesta curatorial de Kouoh a partir de su descripción del modo menor término que se aplica en la música identificando un modo particular de producir lo que se quiere transmitir. El modo menor según ella implica la reconexión radical con el hábitat natural del arte y su papel en la sociedad que es lo emocional, lo visual, lo sensorial, lo afectivo y lo subjetivo. Minor Keys ha planteado estratégicamente eliminar fronteras y poner en conexión artistas y obras de todas partes del mundo revelando el poder y la resiliencia de mujeres con las que nos podemos identificar a través de prácticas y trayectorias en un amplio mapa de coincidencias, sincronicidades y correspondencias donde cabe resituarlas para comprender su trascendencia en todas las geografías. Todas las mujeres que participan en los proyectos reunidos en la exposición internacional de esta edición, o en los Pabellones nacionales y eventos colaterales, se rebelan contra aquellas sociedades patriarcales que las invisibilizan, y reivindican la igualdad de género en el marco de un presente convulso ante el que esta edición de la bienal no puede mantenerse al margen.
El nombre de Turandot se hace eco en la ciudad de Venecia desde el Palazzo Franchetti, con el enunciado que hace las veces de título de una exposición poco habitual, a modo de dedicatoria a las hijas del este, o a las mujeres de oriente, que por último es lo mismo. Se trata del proyecto TURANDOT: To the Daughters of the East, un evento colateral de esta Bienal promovido por la Parasol Unit Foundation for Contemporary Art, y comisariado por Ziba Ardalan, que seguirá vigente hasta el 31 de octubre. Se trata de una exposición colectiva que reúne obras de artistas mujeres de Asia Central y otros países vecinos, no sólo con la idea de ponerlas en contacto entre sí sino de mostrar el potencial que revelan las conexiones que pueden establecerse entre ellas y otras partes del mundo, donde se las conoce aisladamente por el éxito de prácticas y producciones significativas que participan en la construcción de identidades expuestas a la desaparición sistémica que impone un ecosistema liderado por el mercado. La historia del nombre se remonta hasta las primeras versiones que se conocen del cuento de Turandot en la literatura persa, cuyo origen se encuentra en el relato Haft Paykar, traducido por las siete bellezas o las siete princesas, del siglo XII, del poeta Nezami Ganjavi, el cual describe a una princesa llamada Nasrin Nush, de origen eslavo/ruso, que formaba parte del séquito de princesas de la corte de un legendario príncipe persa. Cada una de ellas procedía de un lugar diferente del imperio, Egipto, China, Rusia, Grecia, Turquía, India y Asia central. La princesa consideraba que no conocía ningún hombre que fuera digno de ella, y decidió encerrarse en una fortaleza cuyo acceso ponía en peligro la vida de quien se atreviera a acercarse a ella y la pretendiera. Así que declaró que sólo se entregaría a aquel hombre que lograra responder a los enigmas o acertijos que ella le planteara a modo de prueba para ser merecedor de su belleza.
En occidente, el nombre de Turandot apareció por primera vez en una antología de los cuentos de Nezami realizada por el orientalista François de la Croix, que fueron traducidos del persa al francés por Antoine Galland, con el título Les Milles et un jour. Contes persans. Fue él quien optó por concebirla como una princesa china y quien hizo su adaptación al gusto de los lectores de la época por el Oriente estéticamente más exótico que caracterizó su percepción en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Posteriormente, el poeta, narrador y dramaturgo Carlo Gozzi (Venecia, 1720-1806), figura destacada en el panorama literario italiano por las adaptaciones teatrales de sus fiabas o cuentos de hadas, y sus Memorias inútiles (1797-1798), como llamó a los tres volúmenes de su autobiografía, adaptó Turandot para su representación teatral, a partir de la reivindicación de la Commedia dell´Arte a la que era tan afín. Su versión, Turandot, fiaba chinese teatrale tragicómica, fue traducida al alemán por August Clemen Wethes entre 1772 y 1779, asegurando así su circulación en Alemania, como se demostró con la adaptación que hizo Schiller de esta obra, con el título Turandot, Prinzessin von China. La obra se estrenó en Weimar dirigida por J.W. Goethe el 30 de enero de 1802, influyendo en la versión que posteriormente haría Bertolt Brecht entre 1953 y 1954, Turandot oder der Kongress der Weisswascher (Turandot o el congreso de los blanqueadores), que tuvo su estreno en Zurich en 1969. Comedia épica y a la vez cruel sátira política contra el poder, empleando el recurso del cuento de hadas ambientado en la China milenaria, Brecht se refería al Congreso de la Libertad (Reichsparteitag der Freiheit) que se celebró el 15 de noviembre de 1935 en Nuremberg, donde Hitler legalizó la segregación racial con la promulgación de las leyes que conducirían al gran holocausto desde esta fecha hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Su Turandot es una cómplice del aparato político, como lo son comerciantes e intelectuales corruptos, que manipula a la población en una China en la que la superproducción de algodón es la causa de una crisis económica que comporta la gran hambruna para el pueblo y beneficio para los acaparadores. Brecht traslada el congreso a la antigua China, donde el emperador intenta aplacar la ira y la indignación de las víctimas, haciéndoles creer que deben aceptar su condición para evitar que la situación empeore.
Partiendo de la adaptación teatral de Turandot realizada por Gozzi y posteriormente por Friedrich Schiller, Giacomo Puccini (1858-1924) empezó a trabajar con los libretistas en 1920, después de los éxitos de La bohème, Tosca y Madame Butterfly, con la intención de convertir esta figura en el referente de una composición operística que daba continuidad a una obra musical, cuya intensidad dramática contribuyó sin duda a su éxito. Tanto Madame Butterfly como Turandot incorporan la dimensión oriental que las identifica. La primera es una geisha que reside en Nagasaki y la segunda una princesa que vive en Pekín. A través suyo se pone en relación el lugar donde sucede la acción y los antecedentes, que caracterizan a sus figuras. Pero, en un caso, la protagonista es víctima de un amor no correspondido, que la hacen tomar una decisión extrema terminando con el suicidio; por el contrario, Turandot es una mujer fuerte que venga la fragilidad de su antecesora y revela la fuerza de su condición. Desde su construcción original en la poesía épica persa del siglo XII, su constante reinterpretación ha puesto en relación Asia Central, la cultura persa y la cultura China, revelando la identidad de una figura cuya existencia literaria se ha prestado históricamente a hibridaciones sucesivas, dando paso a la reinterpretación intercultural incesante de una narrativa que se ha transmitido oralmente de generación en generación acumulando nuevos sentidos. Cuando se le diagnosticó el cáncer de garganta en 1923, Puccini todavía no había terminado de componer esta ópera y murió en 2024 sin conseguirlo. La exposición se inaugura coincidiendo con su estreno en la Scala de Milán el 25 de abril de 1926, dirigido por Arturo Toscanini, que detuvo la orquesta en el mismo punto en el que Puccini había abandonado la composición musical en el tercer acto.
Estos antecedentes se mezclan entre sí incorporando a la leyenda una extensa geografía que multiplica las conexiones entre el nombre de Turandokht, muy común entre las mujeres de la región, y el territorio del que este procede. Llamarse Turandot indica ser hija del Turán, una parte del mundo situada al noroeste de Irán. Conocida hoy como Asia Central, el Turán comprende Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, que junto con lo que hoy conocemos como Afganistán, partes de Pakistán, Turquía e Irán, pertenecieron históricamente al Imperio Persa. Pese a las diferencias geográficas, políticas y culturales entre las diferentes partes de este gran imperio, cabe nombrar la diferencia entre las poblaciones nómadas del Turán y los habitantes de Irán, mayormente sedentarios, teniendo en cuenta las implicaciones del nomadismo a la hora de poner en práctica la constitución y construcción de una identidad nacional.
Las artistas que han participado en el proyecto expositivo To he Daughters of the East son Lida Abdul (1973–, Afganistán), Huma Bhabha (1962–, Pakistán), Saodat Ismailova (1981–, Uzbekistán), Madina Joldybek (1991–, Kazajistán), Nazira Karimi (1996–, Tayikistán), Daria Kim (1998–, Uzbekistán), Farideh Lashai (1944–2013, Irán), Tala Madani (1981–, Irán), Afruz Amighi (1974–, Irán), Hera Büyüktașcıyan (1984–, Turquía) y Mona Hatoum (1952–, Líbano). Las une Ziba Ardalan, la comisaria y fundadora en 2004 de la Parasol Unit Foundation for Contemporary Art, que durante 15 años estuvo apoyando a artistas a los que dio a conocer internacionalmente, y tras el cierre de su galería londinense ha decidido intervenir a escala global en eventos que le permiten dar mayor visibilidad a su compromiso con las nuevas generaciones, cuyas prácticas revelan una intencionalidad crítica y trascendente. Los videos de Lida Abdul, Hera Büyüktașcıyan, Daria Kim y Tala Madani, junto con las instalaciones de Afruz Amighi, Saodat Ismailova, y Nazira Karimi, las esculturas de Huma Bhabha y Mona Hatoum, y la pintura y el audiovisual de Farideh Lashai, se suman a la obra textil y sonora de Madina Joldybek. Algunas de estas artistas son conocidas internacionalmente por sus trayectorias, como Lida Abdul, Saodat Ismailova o Mona Hatoum y Farideh Lashai, pero lo interesante es haberlas reunido para un mismo proyecto con obras que no pierden su individualidad ni su singularidad por el hecho de compartir un espacio expositivo. Las coincidencias entre ellas se desprenden del hecho de compartir orígenes y participar en la misma dedicatoria a las hijas del Este con la vocación de establecer una complicidad que las visibilice, mediante narrativas contextuales en las que el lugar se hace territorio reivindicando la identidad que les corresponde en cada caso. Todas son Turandot o pueden ser Turandot, si identificamos esta figura con el empoderamiento de la mujer que decide su destino y como símbolo de esta mujer tierra que es quien da origen a la vida. Ziba Ardalan no olvida los diferentes significados atribuidos a esta princesa de origen persa, víctima de la misoginia de intérpretes como Gozzi, y cuya crueldad, que está en el origen de su poder, cede finalmente a la sumisión en la sociedad patriarcal. Pero, la circulación de su imagen en el transcurso de la historia ha permitido transducir la imagen de Turandot en una figura clave en defensa de la igualdad de género y como modelo de una emancipación coincidente con la constitución y construcción de la identidad nacional de los países a los que pertenecen las artistas que participan en este proyecto.
A propósito, conviene recordar la presencia de Asia Central en esta edición de la Bienal de Venecia por su extensión, con las aportaciones de los pabellones de Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán. Países muy desconocidos aún que merecen atención por el esfuerzo llevado a cabo en el ámbito cultural y la inversión pública y privada en el sector audiovisual. El derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922-1991) no deja de ser todavía reciente y tanto la historia como la geografía de la región conservan la huella de una lengua, el ruso, y una cultura que forman parte de la identidad de la región en todos los ámbitos. Los países vecinos no dejan de ser actores en juego, como Rusia, Turquía y China, por un lado, e Irán, Pakistán e India, por otro, que desempeñan actualmente un importante papel a la hora de formar y transformar una economía en crecimiento, más allá de las rivalidades internas y externas que caracterizan a la región. La participación de Kazajistán, en el Museo Storico Navale de Castello, la de Kirguistán en la Chiesa di Santa Caterina, en el Convito Toscarini de Cannareggio y la de Uzbekistán en el Arsenale no puede pasar desapercibida. Uzbekistán es, no obstante, el único país de la región con pabellón propio en el Arsenale por segunda vez. El acceso a los Giardini o al Arsenale se considera imprescindible para conseguir la visibilidad que desean tener todos los participantes en este evento internacional global, aunque esto no desmerece la presencia de todos aquellos países que, por cualquier razón,no pueden formar parte de los recorridos en ambas zonas y deben conseguir otros espacios representativos para hacerse ver y reconocer.
The Aural Sea es el tema que ha reunido a los y las artistas Jahongir Bobokulov, Zi Kakhramonova, Aygul Sarsen, Zulfiya Spowart, Xin Liu, A.A. Murakami y a Nguyen Phuong Lihn, liderados por Gayane Umerova, presidenta del Desarrollo artístico y cultural de Uzbekistán y un equipo de comisarias. Este gran mar interior que desde los años 60 ha visto progresivamente una reducción de hasta el 60% de su superficie y un 80% de su volumen, podría acabar desapareciendo. El fenómeno. que ha sido reiteradamente interpretado mundialmente como uno de los desastres ecológicos más significativos del antropoceno, convive en el imaginario de los artistas que han participado en el proyecto empleando los diferentes formatos en los que se presentan sus creaciones, conscientes de la gran transformación del entorno que aquel ha supuesto. Gayane Umerova es, por otra parte, una gran agente del cambio que está experimentando este país culturalmente impulsando tanto la rehabilitación y desarrollo de Centro de arte contemporáneo de Tashkent, como la construcción del nuevo Museo Nacional de Uzbekistán, que se encargó Tadao Ando con la intención de convertirlo en un edificio simbólico en un paisaje dominado por las arquitecturas islámicas, el legado soviético y la vanguardia, que recuerda siempre la vieja ruta de la seda. Ella también ha sido la comisaria de la Bienal de Bukjara y la Cumbre de la Cultura Aral, ambos, eventos que tuvieron lugar el pasado año y cuya segunda edición se espera que suceda en otoño de 2026, y ha sido la persona de referencia para la participación del país en la Expo 2025 de Osaka. Su biografía está muy unida a la presencia del arte, la artesanía y la arquitectura uzbeka en el mundo, al igual que a la creación de estructuras que favorezcan el desarrollo estable de la cultura de su país.
Image credit – Installation view of Hot Spot III, 2009, by Mona Hatoum, TURANDOT: To the Daughters of the East, courtesy of Parasol unit and the artist. Photography by Francesco Allegretto
Por Menene Gras Balaguer, directora de Cultura y Exposiciones | directora del Asian Film Festival Barcelona, Casa Asia
Desde Asia Central hasta Asia Pacífico, y de oriente a occidente, todas las mujeres pueden ser Turandot en la 61 Bienal de Venecia 2026, o una manera de serlo, ante el papel que algunas de ellas han representado en la presente edición como es el caso primero de la misma Koyo Kouoh, que falleció prematuramente el 8 de mayo de 2025, dejando un proyecto hecho, cuya ejecución ha seguido hasta ahora el equipo que ella reunió desde el inicio, en cuanto concibió cómo quería que fuera este evento que cada año amplía las representacionales nacionales con una convocatoria que reivindicaba mitos y tradiciones o mundos mágicos buscando en el origen aquello que nos hace ser lo que somos realmente. La exposición central de la Bienal con la participación de 66 artistas de diferentes nacionalidades ha tratado de seguir las líneas de trabajo de la propuesta curatorial de Kouoh a partir de su descripción del modo menor término que se aplica en la música identificando un modo particular de producir lo que se quiere transmitir. El modo menor según ella implica la reconexión radical con el hábitat natural del arte y su papel en la sociedad que es lo emocional, lo visual, lo sensorial, lo afectivo y lo subjetivo. Minor Keys ha planteado estratégicamente eliminar fronteras y poner en conexión artistas y obras de todas partes del mundo revelando el poder y la resiliencia de mujeres con las que nos podemos identificar a través de prácticas y trayectorias en un amplio mapa de coincidencias, sincronicidades y correspondencias donde cabe resituarlas para comprender su trascendencia en todas las geografías. Todas las mujeres que participan en los proyectos reunidos en la exposición internacional de esta edición, o en los Pabellones nacionales y eventos colaterales, se rebelan contra aquellas sociedades patriarcales que las invisibilizan, y reivindican la igualdad de género en el marco de un presente convulso ante el que esta edición de la bienal no puede mantenerse al margen.
El nombre de Turandot se hace eco en la ciudad de Venecia desde el Palazzo Franchetti, con el enunciado que hace las veces de título de una exposición poco habitual, a modo de dedicatoria a las hijas del este, o a las mujeres de oriente, que por último es lo mismo. Se trata del proyecto TURANDOT: To the Daughters of the East, un evento colateral de esta Bienal promovido por la Parasol Unit Foundation for Contemporary Art, y comisariado por Ziba Ardalan, que seguirá vigente hasta el 31 de octubre. Se trata de una exposición colectiva que reúne obras de artistas mujeres de Asia Central y otros países vecinos, no sólo con la idea de ponerlas en contacto entre sí sino de mostrar el potencial que revelan las conexiones que pueden establecerse entre ellas y otras partes del mundo, donde se las conoce aisladamente por el éxito de prácticas y producciones significativas que participan en la construcción de identidades expuestas a la desaparición sistémica que impone un ecosistema liderado por el mercado. La historia del nombre se remonta hasta las primeras versiones que se conocen del cuento de Turandot en la literatura persa, cuyo origen se encuentra en el relato Haft Paykar, traducido por las siete bellezas o las siete princesas, del siglo XII, del poeta Nezami Ganjavi, el cual describe a una princesa llamada Nasrin Nush, de origen eslavo/ruso, que formaba parte del séquito de princesas de la corte de un legendario príncipe persa. Cada una de ellas procedía de un lugar diferente del imperio, Egipto, China, Rusia, Grecia, Turquía, India y Asia central. La princesa consideraba que no conocía ningún hombre que fuera digno de ella, y decidió encerrarse en una fortaleza cuyo acceso ponía en peligro la vida de quien se atreviera a acercarse a ella y la pretendiera. Así que declaró que sólo se entregaría a aquel hombre que lograra responder a los enigmas o acertijos que ella le planteara a modo de prueba para ser merecedor de su belleza.
En occidente, el nombre de Turandot apareció por primera vez en una antología de los cuentos de Nezami realizada por el orientalista François de la Croix, que fueron traducidos del persa al francés por Antoine Galland, con el título Les Milles et un jour. Contes persans. Fue él quien optó por concebirla como una princesa china y quien hizo su adaptación al gusto de los lectores de la época por el Oriente estéticamente más exótico que caracterizó su percepción en el siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Posteriormente, el poeta, narrador y dramaturgo Carlo Gozzi (Venecia, 1720-1806), figura destacada en el panorama literario italiano por las adaptaciones teatrales de sus fiabas o cuentos de hadas, y sus Memorias inútiles (1797-1798), como llamó a los tres volúmenes de su autobiografía, adaptó Turandot para su representación teatral, a partir de la reivindicación de la Commedia dell´Arte a la que era tan afín. Su versión, Turandot, fiaba chinese teatrale tragicómica, fue traducida al alemán por August Clemen Wethes entre 1772 y 1779, asegurando así su circulación en Alemania, como se demostró con la adaptación que hizo Schiller de esta obra, con el título Turandot, Prinzessin von China. La obra se estrenó en Weimar dirigida por J.W. Goethe el 30 de enero de 1802, influyendo en la versión que posteriormente haría Bertolt Brecht entre 1953 y 1954, Turandot oder der Kongress der Weisswascher (Turandot o el congreso de los blanqueadores), que tuvo su estreno en Zurich en 1969. Comedia épica y a la vez cruel sátira política contra el poder, empleando el recurso del cuento de hadas ambientado en la China milenaria, Brecht se refería al Congreso de la Libertad (Reichsparteitag der Freiheit) que se celebró el 15 de noviembre de 1935 en Nuremberg, donde Hitler legalizó la segregación racial con la promulgación de las leyes que conducirían al gran holocausto desde esta fecha hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Su Turandot es una cómplice del aparato político, como lo son comerciantes e intelectuales corruptos, que manipula a la población en una China en la que la superproducción de algodón es la causa de una crisis económica que comporta la gran hambruna para el pueblo y beneficio para los acaparadores. Brecht traslada el congreso a la antigua China, donde el emperador intenta aplacar la ira y la indignación de las víctimas, haciéndoles creer que deben aceptar su condición para evitar que la situación empeore.
Partiendo de la adaptación teatral de Turandot realizada por Gozzi y posteriormente por Friedrich Schiller, Giacomo Puccini (1858-1924) empezó a trabajar con los libretistas en 1920, después de los éxitos de La bohème, Tosca y Madame Butterfly, con la intención de convertir esta figura en el referente de una composición operística que daba continuidad a una obra musical, cuya intensidad dramática contribuyó sin duda a su éxito. Tanto Madame Butterfly como Turandot incorporan la dimensión oriental que las identifica. La primera es una geisha que reside en Nagasaki y la segunda una princesa que vive en Pekín. A través suyo se pone en relación el lugar donde sucede la acción y los antecedentes, que caracterizan a sus figuras. Pero, en un caso, la protagonista es víctima de un amor no correspondido, que la hacen tomar una decisión extrema terminando con el suicidio; por el contrario, Turandot es una mujer fuerte que venga la fragilidad de su antecesora y revela la fuerza de su condición. Desde su construcción original en la poesía épica persa del siglo XII, su constante reinterpretación ha puesto en relación Asia Central, la cultura persa y la cultura China, revelando la identidad de una figura cuya existencia literaria se ha prestado históricamente a hibridaciones sucesivas, dando paso a la reinterpretación intercultural incesante de una narrativa que se ha transmitido oralmente de generación en generación acumulando nuevos sentidos. Cuando se le diagnosticó el cáncer de garganta en 1923, Puccini todavía no había terminado de componer esta ópera y murió en 2024 sin conseguirlo. La exposición se inaugura coincidiendo con su estreno en la Scala de Milán el 25 de abril de 1926, dirigido por Arturo Toscanini, que detuvo la orquesta en el mismo punto en el que Puccini había abandonado la composición musical en el tercer acto.
Estos antecedentes se mezclan entre sí incorporando a la leyenda una extensa geografía que multiplica las conexiones entre el nombre de Turandokht, muy común entre las mujeres de la región, y el territorio del que este procede. Llamarse Turandot indica ser hija del Turán, una parte del mundo situada al noroeste de Irán. Conocida hoy como Asia Central, el Turán comprende Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, que junto con lo que hoy conocemos como Afganistán, partes de Pakistán, Turquía e Irán, pertenecieron históricamente al Imperio Persa. Pese a las diferencias geográficas, políticas y culturales entre las diferentes partes de este gran imperio, cabe nombrar la diferencia entre las poblaciones nómadas del Turán y los habitantes de Irán, mayormente sedentarios, teniendo en cuenta las implicaciones del nomadismo a la hora de poner en práctica la constitución y construcción de una identidad nacional.
Las artistas que han participado en el proyecto expositivo To he Daughters of the East son Lida Abdul (1973–, Afganistán), Huma Bhabha (1962–, Pakistán), Saodat Ismailova (1981–, Uzbekistán), Madina Joldybek (1991–, Kazajistán), Nazira Karimi (1996–, Tayikistán), Daria Kim (1998–, Uzbekistán), Farideh Lashai (1944–2013, Irán), Tala Madani (1981–, Irán), Afruz Amighi (1974–, Irán), Hera Büyüktașcıyan (1984–, Turquía) y Mona Hatoum (1952–, Líbano). Las une Ziba Ardalan, la comisaria y fundadora en 2004 de la Parasol Unit Foundation for Contemporary Art, que durante 15 años estuvo apoyando a artistas a los que dio a conocer internacionalmente, y tras el cierre de su galería londinense ha decidido intervenir a escala global en eventos que le permiten dar mayor visibilidad a su compromiso con las nuevas generaciones, cuyas prácticas revelan una intencionalidad crítica y trascendente. Los videos de Lida Abdul, Hera Büyüktașcıyan, Daria Kim y Tala Madani, junto con las instalaciones de Afruz Amighi, Saodat Ismailova, y Nazira Karimi, las esculturas de Huma Bhabha y Mona Hatoum, y la pintura y el audiovisual de Farideh Lashai, se suman a la obra textil y sonora de Madina Joldybek. Algunas de estas artistas son conocidas internacionalmente por sus trayectorias, como Lida Abdul, Saodat Ismailova o Mona Hatoum y Farideh Lashai, pero lo interesante es haberlas reunido para un mismo proyecto con obras que no pierden su individualidad ni su singularidad por el hecho de compartir un espacio expositivo. Las coincidencias entre ellas se desprenden del hecho de compartir orígenes y participar en la misma dedicatoria a las hijas del Este con la vocación de establecer una complicidad que las visibilice, mediante narrativas contextuales en las que el lugar se hace territorio reivindicando la identidad que les corresponde en cada caso. Todas son Turandot o pueden ser Turandot, si identificamos esta figura con el empoderamiento de la mujer que decide su destino y como símbolo de esta mujer tierra que es quien da origen a la vida. Ziba Ardalan no olvida los diferentes significados atribuidos a esta princesa de origen persa, víctima de la misoginia de intérpretes como Gozzi, y cuya crueldad, que está en el origen de su poder, cede finalmente a la sumisión en la sociedad patriarcal. Pero, la circulación de su imagen en el transcurso de la historia ha permitido transducir la imagen de Turandot en una figura clave en defensa de la igualdad de género y como modelo de una emancipación coincidente con la constitución y construcción de la identidad nacional de los países a los que pertenecen las artistas que participan en este proyecto.
A propósito, conviene recordar la presencia de Asia Central en esta edición de la Bienal de Venecia por su extensión, con las aportaciones de los pabellones de Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán. Países muy desconocidos aún que merecen atención por el esfuerzo llevado a cabo en el ámbito cultural y la inversión pública y privada en el sector audiovisual. El derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922-1991) no deja de ser todavía reciente y tanto la historia como la geografía de la región conservan la huella de una lengua, el ruso, y una cultura que forman parte de la identidad de la región en todos los ámbitos. Los países vecinos no dejan de ser actores en juego, como Rusia, Turquía y China, por un lado, e Irán, Pakistán e India, por otro, que desempeñan actualmente un importante papel a la hora de formar y transformar una economía en crecimiento, más allá de las rivalidades internas y externas que caracterizan a la región. La participación de Kazajistán, en el Museo Storico Navale de Castello, la de Kirguistán en la Chiesa di Santa Caterina, en el Convito Toscarini de Cannareggio y la de Uzbekistán en el Arsenale no puede pasar desapercibida. Uzbekistán es, no obstante, el único país de la región con pabellón propio en el Arsenale por segunda vez. El acceso a los Giardini o al Arsenale se considera imprescindible para conseguir la visibilidad que desean tener todos los participantes en este evento internacional global, aunque esto no desmerece la presencia de todos aquellos países que, por cualquier razón,no pueden formar parte de los recorridos en ambas zonas y deben conseguir otros espacios representativos para hacerse ver y reconocer.
The Aural Sea es el tema que ha reunido a los y las artistas Jahongir Bobokulov, Zi Kakhramonova, Aygul Sarsen, Zulfiya Spowart, Xin Liu, A.A. Murakami y a Nguyen Phuong Lihn, liderados por Gayane Umerova, presidenta del Desarrollo artístico y cultural de Uzbekistán y un equipo de comisarias. Este gran mar interior que desde los años 60 ha visto progresivamente una reducción de hasta el 60% de su superficie y un 80% de su volumen, podría acabar desapareciendo. El fenómeno. que ha sido reiteradamente interpretado mundialmente como uno de los desastres ecológicos más significativos del antropoceno, convive en el imaginario de los artistas que han participado en el proyecto empleando los diferentes formatos en los que se presentan sus creaciones, conscientes de la gran transformación del entorno que aquel ha supuesto. Gayane Umerova es, por otra parte, una gran agente del cambio que está experimentando este país culturalmente impulsando tanto la rehabilitación y desarrollo de Centro de arte contemporáneo de Tashkent, como la construcción del nuevo Museo Nacional de Uzbekistán, que se encargó Tadao Ando con la intención de convertirlo en un edificio simbólico en un paisaje dominado por las arquitecturas islámicas, el legado soviético y la vanguardia, que recuerda siempre la vieja ruta de la seda. Ella también ha sido la comisaria de la Bienal de Bukjara y la Cumbre de la Cultura Aral, ambos, eventos que tuvieron lugar el pasado año y cuya segunda edición se espera que suceda en otoño de 2026, y ha sido la persona de referencia para la participación del país en la Expo 2025 de Osaka. Su biografía está muy unida a la presencia del arte, la artesanía y la arquitectura uzbeka en el mundo, al igual que a la creación de estructuras que favorezcan el desarrollo estable de la cultura de su país.
Image credit – Installation view of Hot Spot III, 2009, by Mona Hatoum, TURANDOT: To the Daughters of the East, courtesy of Parasol unit and the artist. Photography by Francesco Allegretto








