Desde el Observatorio de Asia Central (OAC) de Casa Asia nos hacemos eco del libro Cuadernos de Estrategia 216. Asia Central: de pivote a encrucijada del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) publicando un capítulo mensual en la web del OAC.
Este mes difundimos el capítulo «Estructuras socioeconómicas de las repúblicas centroasiáticas. Kazajistán, entre la continuidad y el cambio», escrito por Ana Ballesteros Peiró, Investigadora en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM) de la Universidad Autónoma de Madrid .
Introducción
En enero de 2022, Kazajistán abría el año con la oleada de protestas más violenta de su historia. Los ciudadanos salieron a las calles para condenar la última medida liberalizadora económica adoptada por el gobierno del presidente Kasim Yomart Tokáyev.
La retirada de los subsidios que ponían coto a los precios del butano y del propano provocó que el precio del gas licuado de petróleo (GLP) doblara su coste en el mercado. El GLP es el combustible más usado por los kazajos. El aumento del coste de vida cayó como un jarro de agua fría en el oeste del país. Lo que comenzó en esta región, pronto se extendió al resto. Al igual que en las calles de El Cairo o en la población siria de Dara’a, los manifestantes, hastiados de corrupción y de la longevidad del régimen, reclamaban el fin del sistema del autócrata perpetuado en el poder. Al grito de «shal, ket» (¡vete, viejo!), los ciudadanos de la ciudad de Zhanaozén, en el óblast occidental de Mangystau, exigían la marcha del expresidente, Nursultán Nazabáyev, del escenario político kazajo. Estas movilizaciones demuestran el grado de descontento de la población con la economía política que practican sus élites.
La ira de la población se dirige, cada vez más, hacia los líderes perpetuos y su camarilla, demandando una mayor y mejor distribución de los recursos y una mejora de las condiciones de vida. Si bien no es nuevo que los ciudadanos protesten, lo que los gobiernos de estos países intentan evitar es que este fenómeno adquiera un carácter más político. Pero lo económico y político es difícil de separar, dada la coincidencia de su acumulación en las mismas personas.
Las protestas pueden surgir cuando hay elementos de las élites lo suficientemente bien posicionadas como para favorecer que sucedan o cuando las condiciones económicas son especialmente desfavorables. La probabilidad de que se desarrollen movimientos sociales no solo depende del sistema político o institucional, sino también de la configuración del poder. En otras ocasiones, las protestas pueden estar orquestadas por élites en competición, que las utilizan o se aprovechan de ellas para disputarle el poder a las élites con las que compiten. En cualquier caso, el elemento genuino de descontento social sigue estando en la base.
Asia Central, naturaleza del Estado y sus economías políticas
La transición a nuevos Estados de las cinco repúblicas de Asia Central no implicó un gran cambio en los regímenes y en las estructuras de las élites que pasaron a formar parte de los gobiernos independientes. El proceso de la construcción del Estado siguió otros cauces diferentes de los adoptados en países en proceso descolonizador o en el mismo espacio postsoviético. A diferencia de los movimientos de autodeterminación en los primeros, la transición en Asia Central se produjo por la disolución de la Unión Soviética.
En los países centroasiáticos se mantuvieron rasgos sistémicos de la época soviética, con el Estado como recurso central. Las cinco repúblicas son consideradas regímenes híbridos, en los que
se combinan elementos propios de democracias con los del autoritarismo. Algunas de ellas, en mayor o menor medida, han integrado economías de mercado, sistemas electorales y otro tipo de instituciones de carácter electivo, pero conservan un régimen político en el que la concentración del poder se halla en manos del gobierno y un grupo afín.
Estos regímenes están marcados por redes clientelares cercanas a quienes formaron parte del Partido Comunista, que han establecido un sistema similar con forma neopatrimonial y de capitalismo clientelista. Siguiendo la argumentación de Ruiz Ramas, por neopatrimonialismo se entiende un «Estado donde coexisten e interactúan lógicas de acción formales (burocráticas) e informales (patrimoniales)», sin referirnos exclusivamente a un tipo de régimen político sino a «un conjunto de prácticas institucionalizadas en los agentes e instituciones estatales que no pueden ser fácilmente eliminadas o desafiadas por nuevos actores, ya que están históricamente enraizadas».
Inicialmente, las economías de las repúblicas centroasiáticas dependían del papel asignado por el sistema centralizado de la Unión Soviética como suministradores de materias primas. El fin de la autoridad de Moscú permitió a las élites de las cinco repúblicas hacerse con el control de los recursos. La definición de élite es la de Serra Massansalvador e Izquierdo Brichs, que se refiere a un grupo de individuos «en una posición jerárquica superior en las instituciones sociales y cuya supervivencia en esta posición depende de su capacidad para competir por la acumulación de poder».
En la transición a los Estados independientes, estas estructuras han permanecido bajo la apariencia de transiciones políticas dotadas de unas constituciones y elecciones periódicas, pero en las que no interesa establecer un Estado de derecho. No debe extrañar que uno de los rasgos más marcados de estas sociedades esté definido por los problemas de corrupción típicos de un Estado dirigido por una cleptocracia.

Por cleptocracia, en este contexto, se entiende un sistema en el que las instituciones públicas se usan para permitir a un conjunto de las élites apropiarse de los fondos públicos para su beneficio privado. Este sistema afecta tanto a lo económico como lo político, a través de la subversión de los cargos políticos (y del control del Estado) para el enriquecimiento personal. Pero este fenómeno no es solo la suma de los actos cometidos por un grupo particular o una élite concreta en cualquiera de las repúblicas centroasiáticas.
La cleptocracia que dirige estos países no lo sería si no hubiera sido por la acumulación de capital permitida a través de las liberalizaciones económicas de estos países en las transiciones del espacio postsoviético y su ingreso en el mercado mundial. En esta área, hemos de determinar que la cleptocracia no es solo la suma de determinados actos corruptos. Esta incluye en sí un conjunto de instituciones, redes, prácticas y normas, tanto domésticas como transnacionales, que facilitan y estructuran dicha actividad. Es decir, las cleptocracias también son transnacionales. En un momento de auge del valor de Asia en las relaciones internacionales, junto con las necesidades de recursos energéticos de China e India, el impacto en los sistemas de la región es aún superior.
Para analizar la estructura de poder de una sociedad es necesario identificar la tipología de actores y su relevancia; las dinámicas que rigen las relaciones entre ellos; los recursos de poder de que disponen; así como su respectivo peso en la sociedad. Por una parte, los cleptócratas incluyen a miembros y altos cargos del gobierno y familiares cercanos. El término oligarca hace referencia a un miembro de la élite empresarial, puede ser de la familia o no, con poco o ningún poder político. Y otra figura analizada en este sistema es la de los exiliados políticos, anteriormente parte de la cleptocracia o la oligarquía, pero caídos en desgracia.
El poder político es también una función del poder económico. La habilidad de un régimen para prevalecer depende de su capacidad para privar a sus opositores de acceso a los recursos del Estado. Pero el dilema del líder autoritario radica en que el buen gobierno, que puede facilitar el crecimiento económico, aumentar la legitimidad del régimen y crear bienestar, también puede acelerar la caída de este, si refuerza por el camino a sus opositores. El caso más evidente en la región sería el de Kirguistán.

El sistema del poder centroasiático está caracterizado por un alto grado de concentración en manos de unas pocas élites. El poder político y económico es distribuido en función del tipo de régimen, ya sea más personalista (Kazajistán, Uzbekistán o Turkmenistán) u oligárquico (Kirguistán). Los diversos casos de concentración de poder definirán a las diversas élites, que en el caso de Kazajistán forman simultáneamente una oligarquía y un oligopolio. En resumen, el poder está concentrado en un número pequeño de élites que detentan el poder político y económico a través del control del principal recurso de poder que es el Estado.
El arquetipo de la transición entre el autoritarismo soviético a la democracia liberal no refleja las diferentes experiencias por las que han pasado los países centroasiáticos. Según la sociología del poder desarrollada por Ferran Izquierdo, las élites de un país, ya sea de Asia Occidental o Central, no cederán parte de sus poderes o privilegios en aras de la democracia. En Asia Central, existen unos regímenes de poder muy concentrados, cuyos «sistemas políticos han adquirido un carácter autoritario neopatrimonial basado en muy pocos hombres que han conseguido hacerse fuertes».
Según esta teoría, las élites buscarán maximizar sus beneficios a través de la acumulación diferencial de poder (de forma circular) frente a otras élites con las que compiten. Esto contrasta con las relaciones de poder lineales que caracterizan las movilizaciones de la población. Las protestas ciudadanas parten del momento en el que toman conciencia de la necesidad de proceder a la acción
colectiva, ya sea hacia el triunfo, con la consecución de ese objetivo, o la derrota, al no poder ser alcanzado.
En sistemas clientelares, la administración presidencial sobrevive gracias a la distribución selectiva de riqueza. Si hay elecciones (más abiertas), las élites se disponen del lado de quien creen que será el ganador, que pasará a ser el futuro dispensador clientelar. El nexo entre la dispersión económica y la debilidad de regímenes autoritarios muestra que la dispersión genera élites que no dependen del clientelismo y que pueden, por lo tanto, formar una verdadera oposición al gobernante. Las reformas iniciadas en 1991 tuvieron diferentes desenlaces.
En Uzbekistán, y especialmente en Tayikistán y Turkmenistán los cambios fueron limitados. La economía permaneció en manos del Estado, el cual decidió beneficiar de la riqueza a un conjunto de élites económicas que pasaron a controlar la economía política de sus países. En Kazajistán y Kirguistán, la privatización acelerada, producida de forma corrupta, transfirió los activos del Estado a unos cuantos personajes oportunistas.
Según Radnitz, la variación entre la fuerza de la oposición tiene que ver con el grado de privatización inicial más que por el hecho de disponer de recursos naturales. Esta variación, por ejemplo, explicaría los diferentes resultados en la movilización política en Kazajistán y Kirguistán. El primero logró frenar la distribución de recursos a tiempo, lo suficiente como para permitir que la oposición fuera débil, impidiendo el cambio político. En cambio, el gobierno de Biskek redistribuyó recursos a una serie de actores económicos nuevos cuyos intereses podían converger o divergir de los de los dirigentes, facilitando así el cambio político.
La capacidad del Estado para controlar a los diferentes grupos de presión y oposición varía de país a país, así como la capacidad de estos de organizarse institucionalmente. Sin embargo, estas dificultades no evitan que sean capaces de organizarse informalmente. Kazajistán, abundante en recursos naturales, experimentó una dispersión de recursos económicos intermedia o parcial. Esto, consecuentemente, afectó a la distribución de recursos y a la naturaleza del régimen.
Kazajistán como arquetipo del Estado rentista
En el grande centroasiático, las redes informales vienen definidas por ser redes de élites, simultáneamente políticas y económicas, que se beneficiaron de las reformas económicas liberalizadoras atribuyéndose el control de las corporaciones comerciales y financieras del país. La distribución del poder económico se realizó en torno al presidente Nursultán Nazarbáyev. Desde que fue nombrado secretario del Partido Comunista de Kazajistán en junio de 1989 hasta que dimitió en marzo de 2019, su mandato consta entre los más longevos de la región.
La entrada al mercado de Kazajistán se hizo de mano del presidente, que introdujo la llamada terapia de choque. El proceso de reformas económicas tempranas y de privatizaciones se inició en 1991. Durante la década de 1990 se permitió una mayor apertura, junto a la gradual dispersión de recursos. El gobierno kazajo subastó o vendió tierras, propiedades y pequeñas empresas y privatizó las grandes. Igualmente, propició reformas bancarias con el objetivo de crear un clima inversor favorable, lo que proveyó oportunidades al sector de la pequeña y mediana empresa.
Estas reformas permitieron la creación de una clase oligárquica que adquirió industrias en pleno colapso que habían pertenecido al Estado, particularmente, aquellas en el sector minero. Esta apertura inicial en la economía generó la aparición de élites empoderadas, una clase capitalista independiente que se benefició de las privatizaciones. El peligro que estos grupos presentaban para el régimen consistía en que reclamaran una mayor participación en la política, y para ello, recurrieran a la acción colectiva, poniendo en peligro los privilegios del presidente y de su creciente clan.
Consecuentemente, durante esta década de 1990, la tensión entre los dos principales beneficiarios de esta economía (la clase capitalista independiente y la camarilla en torno al presidente) fue en aumento. Nazarbáyev inició un proceso para revertir la independencia de estos grupos, tanto en lo económico como en la política, a través de la persuasión, de la incorporación de algunos de ellos en su red clientelar o de la coacción, en caso de resistencia a la subordinación.
Parte de la literatura de la maldición de los recursos naturales estudia cómo estos se usan por los Estados para ganar acceso a las rentas. Estos ingresos son utilizados para sobornar o constreñir a la oposición política, fortalecer el aparato coercitivo y debilitar el desarrollo de instituciones políticas. Esta economía, que no depende del ingreso de impuestos de los ciudadanos, inhibe al gobierno de tener que rendir cuentas, y, por lo tanto, favorece el autoritarismo.
La semejanza con otros países rentistas en otras regiones, como puedan ser los del golfo Pérsico, es que estos recursos han posibilitado la resistencia ante la democratización. Pero a diferencia de estos, el régimen kazajo, en lugar de distribuir parte de las rentas para proveer paz social, los ha esquilmado de forma totalitaria y se ha limitado a favorecer el statu quo dentro del clan, cuyo apoyo ha sido clave para su supervivencia. En consecuencia, las expectativas de la población de beneficiarse del crecimiento económico no se vieron satisfechas
Los Nazabáyev y el clan cleptócrata
Cuando se trata de analizar el clientelismo en Asia Central, se suele recurrir al análisis de la política de clanes. Sin embargo, se tiende a equiparar la idea de clan con la de parentesco. Por clan se entiende «una organización informal que comprende una red de individuos unidos por parentesco y por identidades ficticias de parentesco». Estos lazos no son tan primordiales como se suele atribuir, dado que incluyen redes con intereses basados en «cálculos racionales de individuos hechos en un contexto colectivista cultural e institucional». Lo que prima es el interés del grupo, la reciprocidad y la lealtad al presidente.
En 2019, según un estudio de la consultora KPMG, 162 personas poseían el 55 % de toda la riqueza nacional de Kazajistán20. En la última lista de Forbes en la que aparecen los 50 personajes más ricos del país, los miembros del clan Nazarbáyev están en las primeras posiciones. Algunos de los que no están, pidieron no figurar, para no exacerbar más las protestas. Otros, no aparecen por opacidad. La organización del núcleo del clan está estructurada en el entorno cercano del presidente y sus tres hijas, junto a sus maridos, exmaridos e hijos; a continuación, estarían sus hermanos, sobrinos y otros familiares; finalmente, sus camaradas y sus familias. A pesar de la opacidad del sistema, se estima que la economía de la cuadrilla de Nazarbáyev asciende a 69.000 millones de dólares. Hay cálculos que aseveran que el 25 % del PIB kazajo se transfirió fuera del país en la primera década de independencia, mientras que otros valoran esta cantidad en más de 200.000 millones de dólares. Nazarbáyev no aparece en la lista Forbes. A pesar de haber dejado la presidencia, sigue estando a la cabeza de cuatro fundaciones que controlan el mayor banco del país, además de controlar la Universidad Nazarbáyev y de poseer otros activos del Estado a través de sociedades y testaferros, canales de televisión o un avión privado de $ 100 millones. Se estima su fortuna entre 7.000 a 8.000 millones de dólares norteamericanos. Solo en Reino Unido, la familia posee más de 600 millones de euros en propiedades inmobiliarias.
La hija mayor, Dariga Nazarbayeva (nombre de soltera) entró en política tras formar en 2003 el partido político Asar, que más tarde se fusionó con el oficialista Nur Otan. Llegó a formar parte del Parlamento como diputada de Nur Otan en repetidas legislaturas, hasta que cedió su escaño en febrero de 2022, tras las protestas. Llegó a ser primera ministra en funciones (2006) y vicepresidenta de la Cámara Baja.
La fortuna de Dariga está estimada en torno a 548 millones de dólares. Ella y su marido, Rakhat Aliyev, crearon un imperio de negocios tras su matrimonio. Aliyev detentó también varios cargos políticos, como ministro de Exteriores en funciones o como director de la agencia de inteligencia. En 2007 cayó en desgracia, perdió sus cargos políticos y se divorció de Dariga. Una de las formas de Nazabáyev de alejar a quienes pierden sus favores, lo que se conoce como exiliados, es asignarles un puesto como embajador o en algún otro cargo exterior, siempre a cambio de su silencio Aliyev fue nombrado embajador en Austria y representante permanente ante la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), también en Viena. Pero se volvió crítico con el clan, huyó a Malta acusado por las investigaciones en su contra por intento de derrocar el régimen y por la tortura y asesinato de dos rivales de Nurbank. Al regresar a Viena, acabó en la cárcel, donde fue encontrado muerto, ahorcado en su celda en febrero de 2015. Rakhat, igualmente, estaba siendo investigado en Austria, Alemania y Malta por blanqueo de capitales. Mientras las kazajas reclamaban al Estado mejores viviendas para sus familias, se hizo pública la titularidad de tres propiedades multimillonarias en Londres de Dariga. Estas propiedades superan los 80 millones de libras esterlinas, incluyendo un mega piso en Chelsea de 40 millones, una casa en la conocida calle de los billonarios de Hampstead y una propiedad en Baker Street, en el que está el museo de Sherlock Holmes. La titularidad de estos bienes está a nombre de Dariga y su hijo Nurali Aliyev, que fue alcalde de Astaná. Madre e hijo se han barajado como probables sucesores de Nazarbáyev.
La hija mediana, Dinara, se casó con Timur Kulibáyev, uno de los más famosos oligarcas de Kazajistán. Mientras la economía kazaja se redujo un 2,2 % por el impacto de la pandemia de COVID-19 (2020), el patrimonio de ambos aumentó en $1.000 millones solo en 2021. Desde el 20 de abril de 2022, Dinara ocupa el puesto 780 en el ranking global elaborado por la revista Forbes de multimillonarios. Esta publicación estima en 3.900 millones las fortunas de cada uno. Entre otros activos, poseen de forma paritaria casi el 70 % del Banco Halyk de Kazajistán (JSC)26 a través del Grupo Almex Holding.
Timur Kulibáyev posee una red de oleoductos y gasoductos (KazStroyService Infrastructure BV), además de redes de transporte y diversos grupos mediáticos y explotaciones mineras (Asset Minerals Holdings), además del 100 % de Caspian Oil, el 67 % de Shubarkol Premium, el 100 % de la aerolínea kazaja Prime Aviation, una participación mayoritaria en Mercury Properties (inmobiliaria con propiedades en Kazajistán y Dubái), etc.
Dentro de la diversificación de activos, Dinara posee la Fundación Educativa Nursultán Nazarbáyev, que incluye la Universidad de TI de Astaná, el Centro de Tecnologías Innovadoras y de la Información, una clínica privada en Almaty y el Fondo Corporativo de Aldeas Infantiles SOS de Kazajistán27. Su marido Timur posee cinco propiedades de lujo en Londres que superan un valor de 88,63 millones de libras esterlinas, todas ellas compradas en 2007 en los barrios de Kensington, Westminster y en Ascot.
La propiedad de Ascot se adquirió a través de una sociedad con sede en las islas Vírgenes. Se trata de Sunninghill Park, la que fuera vivienda de los duques de York, regalo de la reina Isabel a su hijo, el príncipe Andrés, por la que Kulibáyev pagó 15 millones de libras esterlinas, tres millones más del precio de venta.
La conexión con el príncipe Andrew llegó de mano de la socialité Goga Ashkenazi, la oligarca kazaja de la moda y los negocios, también conocida como Lady Goga, con quien Kulibáyev tiene un hijo. El marido de Dariga es el único no ruso que forma parte del consejo de Gazprom desde 2011.
Airsultán Nazarbáyev, uno de los tres hijos de Dariga y Rakhat Aliyev, fue nombrado en su veintena a un cargo en el Ministerio de Defensa tras graduarse en la prestigiosa Real Academia Militar británica de Sandhurst. Cuando su padre murió en prisión, Airsultán se volvió contra la familia. Buscó refugio en Londres, donde pidió asilo mientras trataba sus problemas de drogadicción y salud mental. Airsultán contribuyó a hacer públicas las alegaciones de corrupción contra su tío Kulibáyev y también contactó con la oposición en Kazajistán30. En agosto de 2020 fue hallado muerto en Green Park, según la autopsia, por un paro cardiaco causado por una sobredosis.
La hija pequeña, Aliya Nazarbayeva, estuvo brevemente casada con Aidar Akaev, el hijo del presidente de Kirguistán, en lo que se consideró una forma tradicional de establecer lazos entre líderes de las repúblicas centroasiáticas. En segundas nupcias, Aliya se casó con el oligarca kazajo Dimash Dosanov, director de KazTransOil. Dimash dimitió en enero de 202232. Aliya, además de diseñar moda y joyas, tiene un spa en Almaty, una compañía de reciclaje, de gas y empresas de construcción.
Entre los cercanos a la familia, el primero de la lista de Forbes, Vladimir Kim, es el dueño de un tercio de la Corporación Kazakhmys S. L. (compañía que cotiza en la Bolsa de Londres) y Forbes estima su fortuna en 5.000 millones de dólares (2022). Kim fue alto cargo del Partido Comunista de la época soviética hasta que entre 1989-1992, se reconvirtió en director ejecutivo del Fondo de Desarrollo Cultural, Social y Científico de Kazajistán, que se considera plataforma de lanzamiento para diferentes oligarcas y figuras políticas del país. Kim militó en el Partido Otan, uno de los partidos lealistas de Nazarbáyev.
La hija de Kim, Kamilla, consta como propietaria de tres viviendas en el barrio londinense de Knightsbridge por valor de más de 41 millones de libras esterlinas. Su padre posee una propiedad a nombre de una sociedad con sede en Liechtenstein en el mismo barrio de 21 millones de libras, cercano a Hyde Park, en un complejo de residencias considerado entre los más caros del mundo. No sorprende, por tanto, que las hijas del presidente del panel ejecutivo de Kazakhmys, Vladimir Ni, Viktoriya y Rita, también dispongan de sendos pisos en el mismo bloque por un valor que supera los 30 millones de libras. Ni fue asistente de Nazarbáyev en la época soviética y su secretario ejecutivo. Kim y Ni comparten varios negocios. En uno de ellos, EMES Holding and Finance, en el que Ni tiene como socia a Assel Kurmanbayeva, la tercera esposa (no oficial) de Nazarbáyev.
Otra familia ligada por los negocios con los Nazarbáyev son los Sarsenov, dueños del 90 % de las acciones de Nurbank JSC, además de grupos financieros, de seguros, cadenas minoristas, centros comerciales y hoteles. El magnate Rashit Sarsenov (fortuna de 1.800 millones), fue socio de Rakhat. Su hermana, Sofya Sarsenova (fortuna de $660 millones) adquirió participaciones de Nurbank que eran de Dariga Nazarbayeva en 201037. Marat Sarsenov cuenta con una participación mayoritaria en el operador ferroviario Eastcomtrans S.L., que posee y alquila más de 12.000 vagones.
La familia Seitzhanov con un capital de más de 331 millones de dólares, controla FTPK Ontustik, filial a través de la que poseen compañías de petróleo, minería, una planta de cemento, empresas de construcción y de transporte, y cadenas de hoteles. Serikzhan Seitzhanov casó a su nieto con la hija del sobrino favorito (hasta caer en desgracia) de Nursultán Nazarbáyev, Kairat Satibaldy. La boda se celebró en Shymket, la tercera ciudad más grande, repleta de invitados VIP. En ella, el exboxeador ruso convertido en artista pastelero, Renat Agzamov, diseñó una tarta de más de 1.500 kilos que costó más de 60.000 euros39. La estupefacción de la población ante tanta extravagancia colma la paciencia de los kazajos.
La protesta en Kazajistán: válvula de escape para el descontento social
El presidente Tokáyev impuso el estado de emergencia el 5 de enero y ordenó a las fuerzas de seguridad disparar a matar sin previo aviso. El uso de la fuerza desmedida contra los manifestantes, a causa de la violencia que se había desatado en buena parte de las protestas, reflejaba la incapacidad (y falta de voluntad) del gobierno kazajo de resolver las reclamaciones de la población y mantener el orden.

Regresando a la tesis de Radnitz, que relaciona el nexo entre poder económico con la influencia política en el espacio postsoviético, la dispersión económica afecta el éxito o fracaso de las protestas populares. Es decir, la movilización como lucha por el poder entre grupos con intereses opuestos o en competición no se explica solo en términos de democracia frente a autocracia de fortaleza o debilidad de la sociedad civil. También se puede interpretar en términos de dispersión económica.
El tipo de gobernanza centroasiática ha primado el crecimiento económico por encima de la reducción de la pobreza. En previas manifestaciones, el gobierno kazajo no gestionó las reclamaciones de la sociedad, sino que se limitó a aplicar un conjunto de medidas cosméticas para aplacar los ánimos. Según el rastreador de protestas de la Oxus Society for Central Asian Affairs, las reclamaciones ciudadanas en el último tercio de 2020 tienen que ver fundamentalmente con la contracción de la economía por la pandemia del COVID-19 y el aumento de la pobreza entre la población.
En 2004, el Parlamento aprobó la Ley sobre el procedimiento de organización y celebración pacífica de asambleas, reuniones, marchas, piquetes y manifestaciones en la República de Kazajistán, según la cual toda manifestación (incluso las unipersonales) deben registrarse al menos con una antelación de 10 días. Quienes se manifiesten sin aviso pueden ser encarcelados. En Kazajistán, las ONG sufren acoso cuando se ocupan de cuestiones políticas. El activismo relacionado con la libertad política y la protección de los derechos humanos, los derechos de los trabajadores y las condiciones de vida es asumido en su mayor parte por individuos y movimientos sociales, con diferentes formas organizativas y repertorios, que se ven obligados a adaptar sus demandas en un entorno autoritario y fuertemente represivo.
En la misma línea, en los últimos 10 años no se ha registrado ningún partido independiente. Los principales partidos políticos son prorrégimen, mientras que existe una serie de partidos en la oposición que, en realidad, son lealistas. Las condiciones para poder registrarse como partido político han ido endureciéndose, de forma que en 2017 ya no había ningún partido independiente que pudiera ejercer de verdadera oposición y canalizar el descontento social. Una cuarta parte de las protestas de los kazajos tienen que ver con demandas de reformas políticas

En general, cuando el Estado no consigue evitar las protestas, las posibilidades de una respuesta violenta aumentan. Cuanto más populares sean y más se prolonguen en el tiempo, mayor es el grado de represión que el Estado ejerce contra sus ciudadanos y mayor, también, el precio a nivel de legitimidad y popularidad.
En Kazajistán se utiliza la violencia en el 25 % de las protestas, comparado con el 5 % de Kirguistán46. La violencia contra las protestas de enero de 2022 dio como resultado un balance de 225 personas muertas (149 de ellas en Almaty), miles de heridos y al menos 12.000 detenidos.
Cuando las manifestaciones son políticas y están relacionadas con la oposición, hay un 900 % de probabilidad de que la respuesta del gobierno sea violenta y un 92 % de que no se pueda resolver la demanda de forma constructiva. Durante las protestas en Mangystau, provincia occidental a orillas del mar Caspio, el enviado del presidente Tokáyev se encontró con llamadas a la dimisión del gobernador, a una mayor democratización y una transición a una república parlamentaria. Las protestas en esta región tienen que ver con que los bienes energéticos de la cuenca occidental, en la ribera del mar Caspio, fueron cedidos a inversores extranjeros, ante la necesidad (década de 1990) de asistencia técnica y de capital inmediato. Esto impidió que los beneficios se distribuyeran entre los actores locales.
Mangystau, productora de petróleo del país y foco de la minería, tiene un marcado significado en el consciente colectivo kazajo.
Las protestas comenzaron en mayo de 2011 en Zhenaozén, con una huelga de trabajadores de la compañía Ozenmunaigas. Lo que comenzó como una reclamación de complementos por peligrosidad y de mejora de las condiciones laborales, se prolongó durante meses y acabó en enfrentamientos violentos con las autoridades. En diciembre las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra la multitud. Las fuentes oficiales solo reconocieron la muerte de 13 personas y más de cien heridos. Aún nadie ha pagado por lo sucedido. Estas protestas se repitieron en 2016 y a finales de 2019, cuando no solo se atacó a los manifestantes y huelguistas, sino que también se detuvo a más de 50 periodistas que cubrían la noticia
¿Cuál es la situación de las mujeres?
La suerte de las hijas y otras mujeres del clan de Nazarbáyev dista de la del resto de ciudadanas. Muchas kazajas siguen reclamando un mayor papel en el espacio público, a pesar de numerosos obstáculos. En las protestas de enero de 2022, buena parte de quienes se manifestaban pacíficamente eran mujeres, hasta que desaparecieron durante los episodios de violencia.
Las reclamaciones se dirigen mayoritariamente a los gobiernos locales y regionales, que son considerados los más cercanos. En el ámbito laboral, las mujeres forman el 56 % de la administración, pero en general, cobran de media entre un 31-33 % menos que lo que ganan sus compañeros. En el mundo empresarial, son el 44 % de la fuerza laboral en pymes, pero cuando se trata de grandes corporaciones y puestos directivos, apenas llegan al 4 %51. Igualmente, cuando, su presencia en puestos directivos es mayor en pymes que en grandes empresas.

Respecto a la participación política, hay una cuota del 30 % de escaños reservados a mujeres en el Parlamento. En 2020, estas estaban representadas en un 27 %, aunque la presencia en puestos de mayor responsabilidad (ministras) solo era del 5 % (para 2016) (ver figura 6 para datos del resto de la región). Con los partidos políticos controlados, la vía institucional tampoco parece el mejor medio de movilización para ellas. En cambio, las redes informales y los movimientos sociales son la plataforma desde la que pueden afectar el sistema.
Existe un difícil equilibrio entre las reclamaciones actuales y romper con el pasado. Por una parte, el uso de la religión y la tradición para restringir el papel de las mujeres al hogar choca con la realidad de millones de kazajas que tienen que trabajar y que quieren participar en la vida pública. En enero de 2021, el presidente Tokáyev anunció la introducción y reforma de la ley para «penalizar la violencia sexual y la violencia doméstica contra la mujer». Sin embargo, el revuelo que causó llevó a posponer su aprobación.
En Kazajistán, mueren al año unas 400 mujeres, según la ONG NeMolchiKZ (NoTeCalles)52, aunque se estima que las cifras sean muy superiores, dada la dificultad de denunciar y las escasas redes de apoyo. Las condiciones laborales no son el único impedimento para que las mujeres se emancipen. En Kazajistán, ellas tienen grandes dificultades para divorciarse o heredar (aunque legalmente esté permitido) y el acceso a la justicia es muy desigual.
Los datos con relación a la situación de las mujeres en Asia Central varían según las fuentes. En relación con las desigualdades, Kazajistán figura en el puesto 80 de 156 países (156 el menos paritario) del índice global de igualdad de sexos. En el resto de la región, Kirguistán está en el puesto 108 y Tayikistán en el puesto 125. No hay datos para Uzbekistán y Turkmenistán.
La Comisión para la Mujer, la Familia y la Política Demográfica es la única institución gubernamental destinada a la mujer, cuyo nombre bien refleja el papel preferente asignado en la sociedad. Dada la baja población en Kazajistán, el gobierno animó a las mujeres a tener más hijos y mantuvo el sistema soviético de premiar a las familias numerosas. El gobierno de Nur-Sultán premia a las mujeres con siete o más hijos con medallas de oro, con seis hijos con medallas de plata y a partir de cuatro hijos son consideradas familia numerosa. Sin embargo, las ayudas del Estado para ellas son insuficientes. Muchas mujeres están devolviendo sus medallas como gesto de rechazo ante la falta de ayudas prometidas.

Hasta 2021, las manifestaciones del 8 de marzo no estaban permitidas en Kazajistán. Bajo la era soviética, el día de la mujer se celebraba como fiesta pública en memoria de las mujeres que empezaron la revolución con la revuelta del pan en 1917 en Petrogrado. Desde 2017, en Almaty, al menos cinco grupos feministas, Feminita, Svet, FemAgora, KazFem y FemSreda, se unieron para organizar conjuntamente esta manifestación. Aunque estos colectivos solicitaron la organización de este evento con meses de antelación, la Administración intentó evitarlo imponiendo trabas administrativas.
El activismo feminista es castigado con multas, detenciones y penas de cárcel. En Kazajistán, la celebración de la marcha del 8M se circunscribe a Almaty. Además, el hecho de que estén prohibidas las manifestaciones de más de 1.000 personas no facilita la labor de difusión del mensaje del 8M. Desafortunadamente, las mujeres que se manifiestan han sido atacadas en repetidas ocasiones por grupos de hombres contrarios a su activismo. Sorprendentemente, la policía las detiene a ellas.
La experiencia de otros países de la región es similar. En Tayikistán, varias asociaciones de mujeres intentaron convocar el 8M por vez primera en 2020, pero la policía se lo impidió. En 2021, al igual que en Kazajistán, la manifestación fue atacada por alborotadores con el objetivo de que dejara de ser pacífica y facilitar la intervención policial. Setenta manifestantes acabaron detenidos, no así los provocadores. Tras la primera manifestación en 2020, el presidente Emomali Rahmon decidió que el 8M pasaría a ser el día de la madre en Tayikistán. Las cinco repúblicas centroasiáticas, desde sus independencias, se han adherido a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Esta convención recomienda a los gobiernos a llevar a cabo políticas que beneficien la situación de la mujer en la sociedad, en la política y para la eliminación de la violencia. Varias repúblicas heredaron de la época soviética las listas en la que se incluyen trabajos que están prohibidos que desempeñe una mujer. En general estas trabajan más en el sector servicios, seguido de agricultura y finalmente, en la industria.
En Kazajistán, la presencia laboral de mujeres es del 56,3 %, 46 % y del 27 % por sector respectivamente (datos de 2015). La mayoría de las profesiones de estas listas suelen ser las mismas, con algunas variaciones por países. En general, son trabajos que se cree que puede dañar la capacidad reproductora de la mujer, en los que se desempeña un elevado ejercicio físico o donde hay riesgos. Suelen ser puestos en minería, metalurgia, complejos petroleros e industriales; soldadoras, cerrajeras, albañiles; conductores de transporte pesado o transporte público; obras de construcción (encofradores, techadores, albañiles) y en altura (montador de estructuras, obras, montador de comunicaciones u operador de antenas), entre otras.
En Kazajistán, la «Lista de industrias, profesiones, trabajos peligrosos y con condiciones peligrosas» es de 1997, con varias enmiendas y reformas. Tayikistán redujo su propia lista a 229 oficios en 2015, la cual, bajo el artículo 216 del Código Laboral, designa: «Trabajos en los que está prohibido el empleo para las mujeres» entre los que incluye el de buceadoras, conductoras de metro o autobús, camioneras o mecánicas. En Tayikistán, el artículo 216 del Código Laboral designa: «Trabajos en los que está prohibido el empleo de mujeres», que incluye 326 profesiones. Kirguistán incluye su lista en el artículo 303 del Código Laboral, con 400 profesiones. Uzbekistán abolió su lista en 2019 por decreto presidencial, aunque la disposición todavía está en el Código Laboral.
Conclusiones
Las protestas en Kazajistán nos muestran la incertidumbre de este periodo transicional. A falta del bagaje de Nazarbáyev, el presidente Tokáyev necesita encontrar una forma de establecer un diálogo con la población que garantice la legitimidad del régimen. La inusitada violencia de la ola de protestas de 2022, la mayor en toda la región desde los sucesos de Andiyán en 2005, marcará el futuro de la transición política, si es que la habrá.
Estas protestas han demostrado la fragilidad del régimen de convencer a la población del éxito económico y del desarrollo del país. Lo que Diana Kudaibergenova denomina el triángulo ideológico del régimen de Nazarbáyev, el principal recurso ideológico legitimador del régimen basado en las ideas de estabilidad, prosperidad y poder, ha saltado por los aires al grito de «vete viejo». Nazarbáyev era Elbasy, el padre de la nación, garante de la «estabilidad política, el crecimiento económico y la armonía interétnica», la justificación de una mano dura centralizadora y paternalista. Cuando Tokáyev renombró la capital Astaná con el nombre del presidente saliente, la población entendió que el cambio no era tal.
Las protestas demuestran la debilidad socioeconómica e ideológica de esa imposición de la construcción de la nación de arriba a abajo, cuyos cimientos se ven sacudidos con la salida de Nazarbáyev y su construcción del Estado sobre la base de personalismo neopatrimonial. Así, estamos viendo cómo las consecuencias de la transición están en marcha, con un aumento de las protestas y de las demandas de cambio real. La caída en desgracia de unos cuantos miembros del clan no supone un cambio de régimen ni una mejora de las condiciones de vida, que es lo que la población demanda.
La persistencia de un orden iliberal en el que los autócratas salen cada vez más reforzados augura mal futuro para la defensa de los derechos humanos y las aspiraciones ciudadanas de mayor participación política y económica en Asia Central. El giro de Tokáyev de pedir ayuda a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva para controlar la violencia en enero 2022, genera varias incógnitas sobre la naturaleza de la contrapartida. El acercamiento a Putin, especialmente tras la invasión de Ucrania, levanta sospechas a nivel global en un momento en el que el presidente necesita proyectar una imagen de estabilidad como destino estable de negocios y comercial.
Una tendencia al alza es la persecución de disidentes en el exilio. Encontramos casos como el de Zamanbek Nurkadilov, hallado muerto tras amenazar con revelar información de corrupción de las esferas del poder kazajo en colusión con compañías petroleras extranjeras. Durante el gobierno de Elbasy, Tokáyev adquirió práctica en la persecución de exiliados y disidentes en el extranjero, además de usar la pandemia para aumentar el control social.
En los últimos años, los regímenes autoritarios están aprendiendo a adaptarse a los retos que presenta la población y sus protestas, de la misma manera que los ciudadanos aprenden nuevas formas de resistir al régimen. Cuando Tokáyev declaró que había 20.000 terroristas infiltrados entre los manifestantes y la presencia de una mano exterior tras las protestas, se temió lo peor. En Rusia, la ley contra la injerencia exterior que se extiende a las ONG, si se emula en Kazajistán, puede restringir aún más el espacio para la disensión. El vecino kirguizo, de hecho, intentó aprobar su propia versión de esta ley.
Las medidas desesperadas de Tokáyev para contrarrestar la participación de las élites en las protestas, pueden reducir aún más la capacidad de acción de la población. Como en otros regímenes autoritarios, el problema es que en la solución también está el problema. Si hay apertura, estos opositores pueden aprovechar la oportunidad para derrocarle, y si no la hay, las protestas se enquistarán. En una geografía bajo la sombra de Rusia y China, encontramos pocos incentivos para una mejora de las condiciones de la población y la adopción de un nuevo contrato social.
Desde el Observatorio de Asia Central (OAC) de Casa Asia nos hacemos eco del libro Cuadernos de Estrategia 216. Asia Central: de pivote a encrucijada del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) publicando un capítulo mensual en la web del OAC.
Este mes difundimos el capítulo «Estructuras socioeconómicas de las repúblicas centroasiáticas. Kazajistán, entre la continuidad y el cambio», escrito por Ana Ballesteros Peiró, Investigadora en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM) de la Universidad Autónoma de Madrid .
Introducción
En enero de 2022, Kazajistán abría el año con la oleada de protestas más violenta de su historia. Los ciudadanos salieron a las calles para condenar la última medida liberalizadora económica adoptada por el gobierno del presidente Kasim Yomart Tokáyev.
La retirada de los subsidios que ponían coto a los precios del butano y del propano provocó que el precio del gas licuado de petróleo (GLP) doblara su coste en el mercado. El GLP es el combustible más usado por los kazajos. El aumento del coste de vida cayó como un jarro de agua fría en el oeste del país. Lo que comenzó en esta región, pronto se extendió al resto. Al igual que en las calles de El Cairo o en la población siria de Dara’a, los manifestantes, hastiados de corrupción y de la longevidad del régimen, reclamaban el fin del sistema del autócrata perpetuado en el poder. Al grito de «shal, ket» (¡vete, viejo!), los ciudadanos de la ciudad de Zhanaozén, en el óblast occidental de Mangystau, exigían la marcha del expresidente, Nursultán Nazabáyev, del escenario político kazajo. Estas movilizaciones demuestran el grado de descontento de la población con la economía política que practican sus élites.
La ira de la población se dirige, cada vez más, hacia los líderes perpetuos y su camarilla, demandando una mayor y mejor distribución de los recursos y una mejora de las condiciones de vida. Si bien no es nuevo que los ciudadanos protesten, lo que los gobiernos de estos países intentan evitar es que este fenómeno adquiera un carácter más político. Pero lo económico y político es difícil de separar, dada la coincidencia de su acumulación en las mismas personas.
Las protestas pueden surgir cuando hay elementos de las élites lo suficientemente bien posicionadas como para favorecer que sucedan o cuando las condiciones económicas son especialmente desfavorables. La probabilidad de que se desarrollen movimientos sociales no solo depende del sistema político o institucional, sino también de la configuración del poder. En otras ocasiones, las protestas pueden estar orquestadas por élites en competición, que las utilizan o se aprovechan de ellas para disputarle el poder a las élites con las que compiten. En cualquier caso, el elemento genuino de descontento social sigue estando en la base.
Asia Central, naturaleza del Estado y sus economías políticas
La transición a nuevos Estados de las cinco repúblicas de Asia Central no implicó un gran cambio en los regímenes y en las estructuras de las élites que pasaron a formar parte de los gobiernos independientes. El proceso de la construcción del Estado siguió otros cauces diferentes de los adoptados en países en proceso descolonizador o en el mismo espacio postsoviético. A diferencia de los movimientos de autodeterminación en los primeros, la transición en Asia Central se produjo por la disolución de la Unión Soviética.
En los países centroasiáticos se mantuvieron rasgos sistémicos de la época soviética, con el Estado como recurso central. Las cinco repúblicas son consideradas regímenes híbridos, en los que
se combinan elementos propios de democracias con los del autoritarismo. Algunas de ellas, en mayor o menor medida, han integrado economías de mercado, sistemas electorales y otro tipo de instituciones de carácter electivo, pero conservan un régimen político en el que la concentración del poder se halla en manos del gobierno y un grupo afín.
Estos regímenes están marcados por redes clientelares cercanas a quienes formaron parte del Partido Comunista, que han establecido un sistema similar con forma neopatrimonial y de capitalismo clientelista. Siguiendo la argumentación de Ruiz Ramas, por neopatrimonialismo se entiende un «Estado donde coexisten e interactúan lógicas de acción formales (burocráticas) e informales (patrimoniales)», sin referirnos exclusivamente a un tipo de régimen político sino a «un conjunto de prácticas institucionalizadas en los agentes e instituciones estatales que no pueden ser fácilmente eliminadas o desafiadas por nuevos actores, ya que están históricamente enraizadas».
Inicialmente, las economías de las repúblicas centroasiáticas dependían del papel asignado por el sistema centralizado de la Unión Soviética como suministradores de materias primas. El fin de la autoridad de Moscú permitió a las élites de las cinco repúblicas hacerse con el control de los recursos. La definición de élite es la de Serra Massansalvador e Izquierdo Brichs, que se refiere a un grupo de individuos «en una posición jerárquica superior en las instituciones sociales y cuya supervivencia en esta posición depende de su capacidad para competir por la acumulación de poder».
En la transición a los Estados independientes, estas estructuras han permanecido bajo la apariencia de transiciones políticas dotadas de unas constituciones y elecciones periódicas, pero en las que no interesa establecer un Estado de derecho. No debe extrañar que uno de los rasgos más marcados de estas sociedades esté definido por los problemas de corrupción típicos de un Estado dirigido por una cleptocracia.

Por cleptocracia, en este contexto, se entiende un sistema en el que las instituciones públicas se usan para permitir a un conjunto de las élites apropiarse de los fondos públicos para su beneficio privado. Este sistema afecta tanto a lo económico como lo político, a través de la subversión de los cargos políticos (y del control del Estado) para el enriquecimiento personal. Pero este fenómeno no es solo la suma de los actos cometidos por un grupo particular o una élite concreta en cualquiera de las repúblicas centroasiáticas.
La cleptocracia que dirige estos países no lo sería si no hubiera sido por la acumulación de capital permitida a través de las liberalizaciones económicas de estos países en las transiciones del espacio postsoviético y su ingreso en el mercado mundial. En esta área, hemos de determinar que la cleptocracia no es solo la suma de determinados actos corruptos. Esta incluye en sí un conjunto de instituciones, redes, prácticas y normas, tanto domésticas como transnacionales, que facilitan y estructuran dicha actividad. Es decir, las cleptocracias también son transnacionales. En un momento de auge del valor de Asia en las relaciones internacionales, junto con las necesidades de recursos energéticos de China e India, el impacto en los sistemas de la región es aún superior.
Para analizar la estructura de poder de una sociedad es necesario identificar la tipología de actores y su relevancia; las dinámicas que rigen las relaciones entre ellos; los recursos de poder de que disponen; así como su respectivo peso en la sociedad. Por una parte, los cleptócratas incluyen a miembros y altos cargos del gobierno y familiares cercanos. El término oligarca hace referencia a un miembro de la élite empresarial, puede ser de la familia o no, con poco o ningún poder político. Y otra figura analizada en este sistema es la de los exiliados políticos, anteriormente parte de la cleptocracia o la oligarquía, pero caídos en desgracia.
El poder político es también una función del poder económico. La habilidad de un régimen para prevalecer depende de su capacidad para privar a sus opositores de acceso a los recursos del Estado. Pero el dilema del líder autoritario radica en que el buen gobierno, que puede facilitar el crecimiento económico, aumentar la legitimidad del régimen y crear bienestar, también puede acelerar la caída de este, si refuerza por el camino a sus opositores. El caso más evidente en la región sería el de Kirguistán.

El sistema del poder centroasiático está caracterizado por un alto grado de concentración en manos de unas pocas élites. El poder político y económico es distribuido en función del tipo de régimen, ya sea más personalista (Kazajistán, Uzbekistán o Turkmenistán) u oligárquico (Kirguistán). Los diversos casos de concentración de poder definirán a las diversas élites, que en el caso de Kazajistán forman simultáneamente una oligarquía y un oligopolio. En resumen, el poder está concentrado en un número pequeño de élites que detentan el poder político y económico a través del control del principal recurso de poder que es el Estado.
El arquetipo de la transición entre el autoritarismo soviético a la democracia liberal no refleja las diferentes experiencias por las que han pasado los países centroasiáticos. Según la sociología del poder desarrollada por Ferran Izquierdo, las élites de un país, ya sea de Asia Occidental o Central, no cederán parte de sus poderes o privilegios en aras de la democracia. En Asia Central, existen unos regímenes de poder muy concentrados, cuyos «sistemas políticos han adquirido un carácter autoritario neopatrimonial basado en muy pocos hombres que han conseguido hacerse fuertes».
Según esta teoría, las élites buscarán maximizar sus beneficios a través de la acumulación diferencial de poder (de forma circular) frente a otras élites con las que compiten. Esto contrasta con las relaciones de poder lineales que caracterizan las movilizaciones de la población. Las protestas ciudadanas parten del momento en el que toman conciencia de la necesidad de proceder a la acción
colectiva, ya sea hacia el triunfo, con la consecución de ese objetivo, o la derrota, al no poder ser alcanzado.
En sistemas clientelares, la administración presidencial sobrevive gracias a la distribución selectiva de riqueza. Si hay elecciones (más abiertas), las élites se disponen del lado de quien creen que será el ganador, que pasará a ser el futuro dispensador clientelar. El nexo entre la dispersión económica y la debilidad de regímenes autoritarios muestra que la dispersión genera élites que no dependen del clientelismo y que pueden, por lo tanto, formar una verdadera oposición al gobernante. Las reformas iniciadas en 1991 tuvieron diferentes desenlaces.
En Uzbekistán, y especialmente en Tayikistán y Turkmenistán los cambios fueron limitados. La economía permaneció en manos del Estado, el cual decidió beneficiar de la riqueza a un conjunto de élites económicas que pasaron a controlar la economía política de sus países. En Kazajistán y Kirguistán, la privatización acelerada, producida de forma corrupta, transfirió los activos del Estado a unos cuantos personajes oportunistas.
Según Radnitz, la variación entre la fuerza de la oposición tiene que ver con el grado de privatización inicial más que por el hecho de disponer de recursos naturales. Esta variación, por ejemplo, explicaría los diferentes resultados en la movilización política en Kazajistán y Kirguistán. El primero logró frenar la distribución de recursos a tiempo, lo suficiente como para permitir que la oposición fuera débil, impidiendo el cambio político. En cambio, el gobierno de Biskek redistribuyó recursos a una serie de actores económicos nuevos cuyos intereses podían converger o divergir de los de los dirigentes, facilitando así el cambio político.
La capacidad del Estado para controlar a los diferentes grupos de presión y oposición varía de país a país, así como la capacidad de estos de organizarse institucionalmente. Sin embargo, estas dificultades no evitan que sean capaces de organizarse informalmente. Kazajistán, abundante en recursos naturales, experimentó una dispersión de recursos económicos intermedia o parcial. Esto, consecuentemente, afectó a la distribución de recursos y a la naturaleza del régimen.
Kazajistán como arquetipo del Estado rentista
En el grande centroasiático, las redes informales vienen definidas por ser redes de élites, simultáneamente políticas y económicas, que se beneficiaron de las reformas económicas liberalizadoras atribuyéndose el control de las corporaciones comerciales y financieras del país. La distribución del poder económico se realizó en torno al presidente Nursultán Nazarbáyev. Desde que fue nombrado secretario del Partido Comunista de Kazajistán en junio de 1989 hasta que dimitió en marzo de 2019, su mandato consta entre los más longevos de la región.
La entrada al mercado de Kazajistán se hizo de mano del presidente, que introdujo la llamada terapia de choque. El proceso de reformas económicas tempranas y de privatizaciones se inició en 1991. Durante la década de 1990 se permitió una mayor apertura, junto a la gradual dispersión de recursos. El gobierno kazajo subastó o vendió tierras, propiedades y pequeñas empresas y privatizó las grandes. Igualmente, propició reformas bancarias con el objetivo de crear un clima inversor favorable, lo que proveyó oportunidades al sector de la pequeña y mediana empresa.
Estas reformas permitieron la creación de una clase oligárquica que adquirió industrias en pleno colapso que habían pertenecido al Estado, particularmente, aquellas en el sector minero. Esta apertura inicial en la economía generó la aparición de élites empoderadas, una clase capitalista independiente que se benefició de las privatizaciones. El peligro que estos grupos presentaban para el régimen consistía en que reclamaran una mayor participación en la política, y para ello, recurrieran a la acción colectiva, poniendo en peligro los privilegios del presidente y de su creciente clan.
Consecuentemente, durante esta década de 1990, la tensión entre los dos principales beneficiarios de esta economía (la clase capitalista independiente y la camarilla en torno al presidente) fue en aumento. Nazarbáyev inició un proceso para revertir la independencia de estos grupos, tanto en lo económico como en la política, a través de la persuasión, de la incorporación de algunos de ellos en su red clientelar o de la coacción, en caso de resistencia a la subordinación.
Parte de la literatura de la maldición de los recursos naturales estudia cómo estos se usan por los Estados para ganar acceso a las rentas. Estos ingresos son utilizados para sobornar o constreñir a la oposición política, fortalecer el aparato coercitivo y debilitar el desarrollo de instituciones políticas. Esta economía, que no depende del ingreso de impuestos de los ciudadanos, inhibe al gobierno de tener que rendir cuentas, y, por lo tanto, favorece el autoritarismo.
La semejanza con otros países rentistas en otras regiones, como puedan ser los del golfo Pérsico, es que estos recursos han posibilitado la resistencia ante la democratización. Pero a diferencia de estos, el régimen kazajo, en lugar de distribuir parte de las rentas para proveer paz social, los ha esquilmado de forma totalitaria y se ha limitado a favorecer el statu quo dentro del clan, cuyo apoyo ha sido clave para su supervivencia. En consecuencia, las expectativas de la población de beneficiarse del crecimiento económico no se vieron satisfechas
Los Nazabáyev y el clan cleptócrata
Cuando se trata de analizar el clientelismo en Asia Central, se suele recurrir al análisis de la política de clanes. Sin embargo, se tiende a equiparar la idea de clan con la de parentesco. Por clan se entiende «una organización informal que comprende una red de individuos unidos por parentesco y por identidades ficticias de parentesco». Estos lazos no son tan primordiales como se suele atribuir, dado que incluyen redes con intereses basados en «cálculos racionales de individuos hechos en un contexto colectivista cultural e institucional». Lo que prima es el interés del grupo, la reciprocidad y la lealtad al presidente.
En 2019, según un estudio de la consultora KPMG, 162 personas poseían el 55 % de toda la riqueza nacional de Kazajistán20. En la última lista de Forbes en la que aparecen los 50 personajes más ricos del país, los miembros del clan Nazarbáyev están en las primeras posiciones. Algunos de los que no están, pidieron no figurar, para no exacerbar más las protestas. Otros, no aparecen por opacidad. La organización del núcleo del clan está estructurada en el entorno cercano del presidente y sus tres hijas, junto a sus maridos, exmaridos e hijos; a continuación, estarían sus hermanos, sobrinos y otros familiares; finalmente, sus camaradas y sus familias. A pesar de la opacidad del sistema, se estima que la economía de la cuadrilla de Nazarbáyev asciende a 69.000 millones de dólares. Hay cálculos que aseveran que el 25 % del PIB kazajo se transfirió fuera del país en la primera década de independencia, mientras que otros valoran esta cantidad en más de 200.000 millones de dólares. Nazarbáyev no aparece en la lista Forbes. A pesar de haber dejado la presidencia, sigue estando a la cabeza de cuatro fundaciones que controlan el mayor banco del país, además de controlar la Universidad Nazarbáyev y de poseer otros activos del Estado a través de sociedades y testaferros, canales de televisión o un avión privado de $ 100 millones. Se estima su fortuna entre 7.000 a 8.000 millones de dólares norteamericanos. Solo en Reino Unido, la familia posee más de 600 millones de euros en propiedades inmobiliarias.
La hija mayor, Dariga Nazarbayeva (nombre de soltera) entró en política tras formar en 2003 el partido político Asar, que más tarde se fusionó con el oficialista Nur Otan. Llegó a formar parte del Parlamento como diputada de Nur Otan en repetidas legislaturas, hasta que cedió su escaño en febrero de 2022, tras las protestas. Llegó a ser primera ministra en funciones (2006) y vicepresidenta de la Cámara Baja.
La fortuna de Dariga está estimada en torno a 548 millones de dólares. Ella y su marido, Rakhat Aliyev, crearon un imperio de negocios tras su matrimonio. Aliyev detentó también varios cargos políticos, como ministro de Exteriores en funciones o como director de la agencia de inteligencia. En 2007 cayó en desgracia, perdió sus cargos políticos y se divorció de Dariga. Una de las formas de Nazabáyev de alejar a quienes pierden sus favores, lo que se conoce como exiliados, es asignarles un puesto como embajador o en algún otro cargo exterior, siempre a cambio de su silencio Aliyev fue nombrado embajador en Austria y representante permanente ante la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), también en Viena. Pero se volvió crítico con el clan, huyó a Malta acusado por las investigaciones en su contra por intento de derrocar el régimen y por la tortura y asesinato de dos rivales de Nurbank. Al regresar a Viena, acabó en la cárcel, donde fue encontrado muerto, ahorcado en su celda en febrero de 2015. Rakhat, igualmente, estaba siendo investigado en Austria, Alemania y Malta por blanqueo de capitales. Mientras las kazajas reclamaban al Estado mejores viviendas para sus familias, se hizo pública la titularidad de tres propiedades multimillonarias en Londres de Dariga. Estas propiedades superan los 80 millones de libras esterlinas, incluyendo un mega piso en Chelsea de 40 millones, una casa en la conocida calle de los billonarios de Hampstead y una propiedad en Baker Street, en el que está el museo de Sherlock Holmes. La titularidad de estos bienes está a nombre de Dariga y su hijo Nurali Aliyev, que fue alcalde de Astaná. Madre e hijo se han barajado como probables sucesores de Nazarbáyev.
La hija mediana, Dinara, se casó con Timur Kulibáyev, uno de los más famosos oligarcas de Kazajistán. Mientras la economía kazaja se redujo un 2,2 % por el impacto de la pandemia de COVID-19 (2020), el patrimonio de ambos aumentó en $1.000 millones solo en 2021. Desde el 20 de abril de 2022, Dinara ocupa el puesto 780 en el ranking global elaborado por la revista Forbes de multimillonarios. Esta publicación estima en 3.900 millones las fortunas de cada uno. Entre otros activos, poseen de forma paritaria casi el 70 % del Banco Halyk de Kazajistán (JSC)26 a través del Grupo Almex Holding.
Timur Kulibáyev posee una red de oleoductos y gasoductos (KazStroyService Infrastructure BV), además de redes de transporte y diversos grupos mediáticos y explotaciones mineras (Asset Minerals Holdings), además del 100 % de Caspian Oil, el 67 % de Shubarkol Premium, el 100 % de la aerolínea kazaja Prime Aviation, una participación mayoritaria en Mercury Properties (inmobiliaria con propiedades en Kazajistán y Dubái), etc.
Dentro de la diversificación de activos, Dinara posee la Fundación Educativa Nursultán Nazarbáyev, que incluye la Universidad de TI de Astaná, el Centro de Tecnologías Innovadoras y de la Información, una clínica privada en Almaty y el Fondo Corporativo de Aldeas Infantiles SOS de Kazajistán27. Su marido Timur posee cinco propiedades de lujo en Londres que superan un valor de 88,63 millones de libras esterlinas, todas ellas compradas en 2007 en los barrios de Kensington, Westminster y en Ascot.
La propiedad de Ascot se adquirió a través de una sociedad con sede en las islas Vírgenes. Se trata de Sunninghill Park, la que fuera vivienda de los duques de York, regalo de la reina Isabel a su hijo, el príncipe Andrés, por la que Kulibáyev pagó 15 millones de libras esterlinas, tres millones más del precio de venta.
La conexión con el príncipe Andrew llegó de mano de la socialité Goga Ashkenazi, la oligarca kazaja de la moda y los negocios, también conocida como Lady Goga, con quien Kulibáyev tiene un hijo. El marido de Dariga es el único no ruso que forma parte del consejo de Gazprom desde 2011.
Airsultán Nazarbáyev, uno de los tres hijos de Dariga y Rakhat Aliyev, fue nombrado en su veintena a un cargo en el Ministerio de Defensa tras graduarse en la prestigiosa Real Academia Militar británica de Sandhurst. Cuando su padre murió en prisión, Airsultán se volvió contra la familia. Buscó refugio en Londres, donde pidió asilo mientras trataba sus problemas de drogadicción y salud mental. Airsultán contribuyó a hacer públicas las alegaciones de corrupción contra su tío Kulibáyev y también contactó con la oposición en Kazajistán30. En agosto de 2020 fue hallado muerto en Green Park, según la autopsia, por un paro cardiaco causado por una sobredosis.
La hija pequeña, Aliya Nazarbayeva, estuvo brevemente casada con Aidar Akaev, el hijo del presidente de Kirguistán, en lo que se consideró una forma tradicional de establecer lazos entre líderes de las repúblicas centroasiáticas. En segundas nupcias, Aliya se casó con el oligarca kazajo Dimash Dosanov, director de KazTransOil. Dimash dimitió en enero de 202232. Aliya, además de diseñar moda y joyas, tiene un spa en Almaty, una compañía de reciclaje, de gas y empresas de construcción.
Entre los cercanos a la familia, el primero de la lista de Forbes, Vladimir Kim, es el dueño de un tercio de la Corporación Kazakhmys S. L. (compañía que cotiza en la Bolsa de Londres) y Forbes estima su fortuna en 5.000 millones de dólares (2022). Kim fue alto cargo del Partido Comunista de la época soviética hasta que entre 1989-1992, se reconvirtió en director ejecutivo del Fondo de Desarrollo Cultural, Social y Científico de Kazajistán, que se considera plataforma de lanzamiento para diferentes oligarcas y figuras políticas del país. Kim militó en el Partido Otan, uno de los partidos lealistas de Nazarbáyev.
La hija de Kim, Kamilla, consta como propietaria de tres viviendas en el barrio londinense de Knightsbridge por valor de más de 41 millones de libras esterlinas. Su padre posee una propiedad a nombre de una sociedad con sede en Liechtenstein en el mismo barrio de 21 millones de libras, cercano a Hyde Park, en un complejo de residencias considerado entre los más caros del mundo. No sorprende, por tanto, que las hijas del presidente del panel ejecutivo de Kazakhmys, Vladimir Ni, Viktoriya y Rita, también dispongan de sendos pisos en el mismo bloque por un valor que supera los 30 millones de libras. Ni fue asistente de Nazarbáyev en la época soviética y su secretario ejecutivo. Kim y Ni comparten varios negocios. En uno de ellos, EMES Holding and Finance, en el que Ni tiene como socia a Assel Kurmanbayeva, la tercera esposa (no oficial) de Nazarbáyev.
Otra familia ligada por los negocios con los Nazarbáyev son los Sarsenov, dueños del 90 % de las acciones de Nurbank JSC, además de grupos financieros, de seguros, cadenas minoristas, centros comerciales y hoteles. El magnate Rashit Sarsenov (fortuna de 1.800 millones), fue socio de Rakhat. Su hermana, Sofya Sarsenova (fortuna de $660 millones) adquirió participaciones de Nurbank que eran de Dariga Nazarbayeva en 201037. Marat Sarsenov cuenta con una participación mayoritaria en el operador ferroviario Eastcomtrans S.L., que posee y alquila más de 12.000 vagones.
La familia Seitzhanov con un capital de más de 331 millones de dólares, controla FTPK Ontustik, filial a través de la que poseen compañías de petróleo, minería, una planta de cemento, empresas de construcción y de transporte, y cadenas de hoteles. Serikzhan Seitzhanov casó a su nieto con la hija del sobrino favorito (hasta caer en desgracia) de Nursultán Nazarbáyev, Kairat Satibaldy. La boda se celebró en Shymket, la tercera ciudad más grande, repleta de invitados VIP. En ella, el exboxeador ruso convertido en artista pastelero, Renat Agzamov, diseñó una tarta de más de 1.500 kilos que costó más de 60.000 euros39. La estupefacción de la población ante tanta extravagancia colma la paciencia de los kazajos.
La protesta en Kazajistán: válvula de escape para el descontento social
El presidente Tokáyev impuso el estado de emergencia el 5 de enero y ordenó a las fuerzas de seguridad disparar a matar sin previo aviso. El uso de la fuerza desmedida contra los manifestantes, a causa de la violencia que se había desatado en buena parte de las protestas, reflejaba la incapacidad (y falta de voluntad) del gobierno kazajo de resolver las reclamaciones de la población y mantener el orden.

Regresando a la tesis de Radnitz, que relaciona el nexo entre poder económico con la influencia política en el espacio postsoviético, la dispersión económica afecta el éxito o fracaso de las protestas populares. Es decir, la movilización como lucha por el poder entre grupos con intereses opuestos o en competición no se explica solo en términos de democracia frente a autocracia de fortaleza o debilidad de la sociedad civil. También se puede interpretar en términos de dispersión económica.
El tipo de gobernanza centroasiática ha primado el crecimiento económico por encima de la reducción de la pobreza. En previas manifestaciones, el gobierno kazajo no gestionó las reclamaciones de la sociedad, sino que se limitó a aplicar un conjunto de medidas cosméticas para aplacar los ánimos. Según el rastreador de protestas de la Oxus Society for Central Asian Affairs, las reclamaciones ciudadanas en el último tercio de 2020 tienen que ver fundamentalmente con la contracción de la economía por la pandemia del COVID-19 y el aumento de la pobreza entre la población.
En 2004, el Parlamento aprobó la Ley sobre el procedimiento de organización y celebración pacífica de asambleas, reuniones, marchas, piquetes y manifestaciones en la República de Kazajistán, según la cual toda manifestación (incluso las unipersonales) deben registrarse al menos con una antelación de 10 días. Quienes se manifiesten sin aviso pueden ser encarcelados. En Kazajistán, las ONG sufren acoso cuando se ocupan de cuestiones políticas. El activismo relacionado con la libertad política y la protección de los derechos humanos, los derechos de los trabajadores y las condiciones de vida es asumido en su mayor parte por individuos y movimientos sociales, con diferentes formas organizativas y repertorios, que se ven obligados a adaptar sus demandas en un entorno autoritario y fuertemente represivo.
En la misma línea, en los últimos 10 años no se ha registrado ningún partido independiente. Los principales partidos políticos son prorrégimen, mientras que existe una serie de partidos en la oposición que, en realidad, son lealistas. Las condiciones para poder registrarse como partido político han ido endureciéndose, de forma que en 2017 ya no había ningún partido independiente que pudiera ejercer de verdadera oposición y canalizar el descontento social. Una cuarta parte de las protestas de los kazajos tienen que ver con demandas de reformas políticas

En general, cuando el Estado no consigue evitar las protestas, las posibilidades de una respuesta violenta aumentan. Cuanto más populares sean y más se prolonguen en el tiempo, mayor es el grado de represión que el Estado ejerce contra sus ciudadanos y mayor, también, el precio a nivel de legitimidad y popularidad.
En Kazajistán se utiliza la violencia en el 25 % de las protestas, comparado con el 5 % de Kirguistán46. La violencia contra las protestas de enero de 2022 dio como resultado un balance de 225 personas muertas (149 de ellas en Almaty), miles de heridos y al menos 12.000 detenidos.
Cuando las manifestaciones son políticas y están relacionadas con la oposición, hay un 900 % de probabilidad de que la respuesta del gobierno sea violenta y un 92 % de que no se pueda resolver la demanda de forma constructiva. Durante las protestas en Mangystau, provincia occidental a orillas del mar Caspio, el enviado del presidente Tokáyev se encontró con llamadas a la dimisión del gobernador, a una mayor democratización y una transición a una república parlamentaria. Las protestas en esta región tienen que ver con que los bienes energéticos de la cuenca occidental, en la ribera del mar Caspio, fueron cedidos a inversores extranjeros, ante la necesidad (década de 1990) de asistencia técnica y de capital inmediato. Esto impidió que los beneficios se distribuyeran entre los actores locales.
Mangystau, productora de petróleo del país y foco de la minería, tiene un marcado significado en el consciente colectivo kazajo.
Las protestas comenzaron en mayo de 2011 en Zhenaozén, con una huelga de trabajadores de la compañía Ozenmunaigas. Lo que comenzó como una reclamación de complementos por peligrosidad y de mejora de las condiciones laborales, se prolongó durante meses y acabó en enfrentamientos violentos con las autoridades. En diciembre las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra la multitud. Las fuentes oficiales solo reconocieron la muerte de 13 personas y más de cien heridos. Aún nadie ha pagado por lo sucedido. Estas protestas se repitieron en 2016 y a finales de 2019, cuando no solo se atacó a los manifestantes y huelguistas, sino que también se detuvo a más de 50 periodistas que cubrían la noticia
¿Cuál es la situación de las mujeres?
La suerte de las hijas y otras mujeres del clan de Nazarbáyev dista de la del resto de ciudadanas. Muchas kazajas siguen reclamando un mayor papel en el espacio público, a pesar de numerosos obstáculos. En las protestas de enero de 2022, buena parte de quienes se manifestaban pacíficamente eran mujeres, hasta que desaparecieron durante los episodios de violencia.
Las reclamaciones se dirigen mayoritariamente a los gobiernos locales y regionales, que son considerados los más cercanos. En el ámbito laboral, las mujeres forman el 56 % de la administración, pero en general, cobran de media entre un 31-33 % menos que lo que ganan sus compañeros. En el mundo empresarial, son el 44 % de la fuerza laboral en pymes, pero cuando se trata de grandes corporaciones y puestos directivos, apenas llegan al 4 %51. Igualmente, cuando, su presencia en puestos directivos es mayor en pymes que en grandes empresas.

Respecto a la participación política, hay una cuota del 30 % de escaños reservados a mujeres en el Parlamento. En 2020, estas estaban representadas en un 27 %, aunque la presencia en puestos de mayor responsabilidad (ministras) solo era del 5 % (para 2016) (ver figura 6 para datos del resto de la región). Con los partidos políticos controlados, la vía institucional tampoco parece el mejor medio de movilización para ellas. En cambio, las redes informales y los movimientos sociales son la plataforma desde la que pueden afectar el sistema.
Existe un difícil equilibrio entre las reclamaciones actuales y romper con el pasado. Por una parte, el uso de la religión y la tradición para restringir el papel de las mujeres al hogar choca con la realidad de millones de kazajas que tienen que trabajar y que quieren participar en la vida pública. En enero de 2021, el presidente Tokáyev anunció la introducción y reforma de la ley para «penalizar la violencia sexual y la violencia doméstica contra la mujer». Sin embargo, el revuelo que causó llevó a posponer su aprobación.
En Kazajistán, mueren al año unas 400 mujeres, según la ONG NeMolchiKZ (NoTeCalles)52, aunque se estima que las cifras sean muy superiores, dada la dificultad de denunciar y las escasas redes de apoyo. Las condiciones laborales no son el único impedimento para que las mujeres se emancipen. En Kazajistán, ellas tienen grandes dificultades para divorciarse o heredar (aunque legalmente esté permitido) y el acceso a la justicia es muy desigual.
Los datos con relación a la situación de las mujeres en Asia Central varían según las fuentes. En relación con las desigualdades, Kazajistán figura en el puesto 80 de 156 países (156 el menos paritario) del índice global de igualdad de sexos. En el resto de la región, Kirguistán está en el puesto 108 y Tayikistán en el puesto 125. No hay datos para Uzbekistán y Turkmenistán.
La Comisión para la Mujer, la Familia y la Política Demográfica es la única institución gubernamental destinada a la mujer, cuyo nombre bien refleja el papel preferente asignado en la sociedad. Dada la baja población en Kazajistán, el gobierno animó a las mujeres a tener más hijos y mantuvo el sistema soviético de premiar a las familias numerosas. El gobierno de Nur-Sultán premia a las mujeres con siete o más hijos con medallas de oro, con seis hijos con medallas de plata y a partir de cuatro hijos son consideradas familia numerosa. Sin embargo, las ayudas del Estado para ellas son insuficientes. Muchas mujeres están devolviendo sus medallas como gesto de rechazo ante la falta de ayudas prometidas.

Hasta 2021, las manifestaciones del 8 de marzo no estaban permitidas en Kazajistán. Bajo la era soviética, el día de la mujer se celebraba como fiesta pública en memoria de las mujeres que empezaron la revolución con la revuelta del pan en 1917 en Petrogrado. Desde 2017, en Almaty, al menos cinco grupos feministas, Feminita, Svet, FemAgora, KazFem y FemSreda, se unieron para organizar conjuntamente esta manifestación. Aunque estos colectivos solicitaron la organización de este evento con meses de antelación, la Administración intentó evitarlo imponiendo trabas administrativas.
El activismo feminista es castigado con multas, detenciones y penas de cárcel. En Kazajistán, la celebración de la marcha del 8M se circunscribe a Almaty. Además, el hecho de que estén prohibidas las manifestaciones de más de 1.000 personas no facilita la labor de difusión del mensaje del 8M. Desafortunadamente, las mujeres que se manifiestan han sido atacadas en repetidas ocasiones por grupos de hombres contrarios a su activismo. Sorprendentemente, la policía las detiene a ellas.
La experiencia de otros países de la región es similar. En Tayikistán, varias asociaciones de mujeres intentaron convocar el 8M por vez primera en 2020, pero la policía se lo impidió. En 2021, al igual que en Kazajistán, la manifestación fue atacada por alborotadores con el objetivo de que dejara de ser pacífica y facilitar la intervención policial. Setenta manifestantes acabaron detenidos, no así los provocadores. Tras la primera manifestación en 2020, el presidente Emomali Rahmon decidió que el 8M pasaría a ser el día de la madre en Tayikistán. Las cinco repúblicas centroasiáticas, desde sus independencias, se han adherido a la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Esta convención recomienda a los gobiernos a llevar a cabo políticas que beneficien la situación de la mujer en la sociedad, en la política y para la eliminación de la violencia. Varias repúblicas heredaron de la época soviética las listas en la que se incluyen trabajos que están prohibidos que desempeñe una mujer. En general estas trabajan más en el sector servicios, seguido de agricultura y finalmente, en la industria.
En Kazajistán, la presencia laboral de mujeres es del 56,3 %, 46 % y del 27 % por sector respectivamente (datos de 2015). La mayoría de las profesiones de estas listas suelen ser las mismas, con algunas variaciones por países. En general, son trabajos que se cree que puede dañar la capacidad reproductora de la mujer, en los que se desempeña un elevado ejercicio físico o donde hay riesgos. Suelen ser puestos en minería, metalurgia, complejos petroleros e industriales; soldadoras, cerrajeras, albañiles; conductores de transporte pesado o transporte público; obras de construcción (encofradores, techadores, albañiles) y en altura (montador de estructuras, obras, montador de comunicaciones u operador de antenas), entre otras.
En Kazajistán, la «Lista de industrias, profesiones, trabajos peligrosos y con condiciones peligrosas» es de 1997, con varias enmiendas y reformas. Tayikistán redujo su propia lista a 229 oficios en 2015, la cual, bajo el artículo 216 del Código Laboral, designa: «Trabajos en los que está prohibido el empleo para las mujeres» entre los que incluye el de buceadoras, conductoras de metro o autobús, camioneras o mecánicas. En Tayikistán, el artículo 216 del Código Laboral designa: «Trabajos en los que está prohibido el empleo de mujeres», que incluye 326 profesiones. Kirguistán incluye su lista en el artículo 303 del Código Laboral, con 400 profesiones. Uzbekistán abolió su lista en 2019 por decreto presidencial, aunque la disposición todavía está en el Código Laboral.
Conclusiones
Las protestas en Kazajistán nos muestran la incertidumbre de este periodo transicional. A falta del bagaje de Nazarbáyev, el presidente Tokáyev necesita encontrar una forma de establecer un diálogo con la población que garantice la legitimidad del régimen. La inusitada violencia de la ola de protestas de 2022, la mayor en toda la región desde los sucesos de Andiyán en 2005, marcará el futuro de la transición política, si es que la habrá.
Estas protestas han demostrado la fragilidad del régimen de convencer a la población del éxito económico y del desarrollo del país. Lo que Diana Kudaibergenova denomina el triángulo ideológico del régimen de Nazarbáyev, el principal recurso ideológico legitimador del régimen basado en las ideas de estabilidad, prosperidad y poder, ha saltado por los aires al grito de «vete viejo». Nazarbáyev era Elbasy, el padre de la nación, garante de la «estabilidad política, el crecimiento económico y la armonía interétnica», la justificación de una mano dura centralizadora y paternalista. Cuando Tokáyev renombró la capital Astaná con el nombre del presidente saliente, la población entendió que el cambio no era tal.
Las protestas demuestran la debilidad socioeconómica e ideológica de esa imposición de la construcción de la nación de arriba a abajo, cuyos cimientos se ven sacudidos con la salida de Nazarbáyev y su construcción del Estado sobre la base de personalismo neopatrimonial. Así, estamos viendo cómo las consecuencias de la transición están en marcha, con un aumento de las protestas y de las demandas de cambio real. La caída en desgracia de unos cuantos miembros del clan no supone un cambio de régimen ni una mejora de las condiciones de vida, que es lo que la población demanda.
La persistencia de un orden iliberal en el que los autócratas salen cada vez más reforzados augura mal futuro para la defensa de los derechos humanos y las aspiraciones ciudadanas de mayor participación política y económica en Asia Central. El giro de Tokáyev de pedir ayuda a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva para controlar la violencia en enero 2022, genera varias incógnitas sobre la naturaleza de la contrapartida. El acercamiento a Putin, especialmente tras la invasión de Ucrania, levanta sospechas a nivel global en un momento en el que el presidente necesita proyectar una imagen de estabilidad como destino estable de negocios y comercial.
Una tendencia al alza es la persecución de disidentes en el exilio. Encontramos casos como el de Zamanbek Nurkadilov, hallado muerto tras amenazar con revelar información de corrupción de las esferas del poder kazajo en colusión con compañías petroleras extranjeras. Durante el gobierno de Elbasy, Tokáyev adquirió práctica en la persecución de exiliados y disidentes en el extranjero, además de usar la pandemia para aumentar el control social.
En los últimos años, los regímenes autoritarios están aprendiendo a adaptarse a los retos que presenta la población y sus protestas, de la misma manera que los ciudadanos aprenden nuevas formas de resistir al régimen. Cuando Tokáyev declaró que había 20.000 terroristas infiltrados entre los manifestantes y la presencia de una mano exterior tras las protestas, se temió lo peor. En Rusia, la ley contra la injerencia exterior que se extiende a las ONG, si se emula en Kazajistán, puede restringir aún más el espacio para la disensión. El vecino kirguizo, de hecho, intentó aprobar su propia versión de esta ley.
Las medidas desesperadas de Tokáyev para contrarrestar la participación de las élites en las protestas, pueden reducir aún más la capacidad de acción de la población. Como en otros regímenes autoritarios, el problema es que en la solución también está el problema. Si hay apertura, estos opositores pueden aprovechar la oportunidad para derrocarle, y si no la hay, las protestas se enquistarán. En una geografía bajo la sombra de Rusia y China, encontramos pocos incentivos para una mejora de las condiciones de la población y la adopción de un nuevo contrato social.








